lunes, 30 de mayo de 2011

EL PODER DE LA JUSTICIA PARTE # 8

MINISTERIO DE LA ENSEÑANZA Y LA EVANGELIZACIÓN
“JESÚS SOBERANO SEÑOR”
ESCUELA DE FORMACIÓN Y CAPACITACIÓN TEOLÓGICA

EL PODER DE LA JUSTICIA PARTE # 8
PASAMOS A TENER UNA RELACIÓN PATERNAL CON DIOS
En Juan 1:12 dice: “Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”.
Por causa de la justicia y la vida pasamos a ser hijos de Dios.
El término “Potestad” que se utiliza en el pasaje antes mencionado para hacer referencia a la relación paternal, no sólo indica potestad sino privilegios o derechos.
El sentido que se le da al término “Hijo” no se define en la escala de linaje, sino en un sentido espiritual, pleno, legítimo de su misma simiente; no da la idea de hijos por descendencia, sino hijos engendrados directamente por Él. El término engendrar viene del griego “Gennao” que indica el acto de colocar una simiente y a su vez da la idea de alumbramiento.
Este término (Gennao) no involucra la concepción, ya que ella tiene que ver con la unión de los dos gametos masculinos y femeninos para la formación de una nueva vida. En Juan 1:13 se descarta la concepción para llegar a ser hijos de Dios, el texto dice:
“Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.

Cabe destacar que el mismo misterio que hubo en el engendro y nacimiento de Jesús, lo hubo en nosotros; en Jesús no hubo concepción. El término “Concebir” que aparece en Mateo 1:23 no está en el texto original, ya que el griego presenta el término “Eco” que indica: tener, mantener, sostener. El texto literalmente dice:
“He aquí, una virgen en el vientre mantendrá y dará a luz un hijo”.

El término “Engendrar” del griego “Gennao”, tomando en cuenta sus propiedades y valores etimológicos y relacionándolo al engendro que Dios hizo, indica que en una sola relación engendró todos los hijos a la misma vez y fueron dados a luz al mismo tiempo, para Dios todos fuimos engendrados el mismo día y nacimos en un mismo momento, por esta causa para Él no hay hijos mayores ni menores, todos tenemos la misma edad. Es por esto que podemos aceptar y entender el por qué para el escritor de los Hebreos, todos los hijos de Dios gozan de una primogenitura, indicando que para Dios todos sus hijos son primogénitos (Hebreo 12:23).
Nota: En una familia sólo hay lugar para un primogénito, pero en Dios todos gozamos de ese privilegio: el ser el primer hijo de Dios independientemente del tiempo que tengamos de haber aceptado a Jesús como Salvador.
LOS MISMOS PRIVILEGIOS DE JESÚS, LOS TENEMOS NOSOTROS COMO HIJOS.
Como hijos de Dios, Jesús no nos lleva ninguna ventaja, los mismos privilegios y derechos que tiene Jesús -como hijo-, los tenemos nosotros.
Romanos 8:15 y Gálatas 4:16 es un diminutivo Arameo que significa: “Papito querido”. Este término sólo lo podían decir los hijos propios, legítimos, que tuvieran una relación de intimidad y confianza mutua entre los parentescos.
Este término no era permitido escucharlo de los labios de un esclavo, gentil, o hijos adoptivos; ni siquiera los judíos lo utilizaron porque consideraban una falta de respeto utilizar un diminutivo para dirigirse al gran YO SOY.
El término “ABBA PADRE” es el gemido filial de un hijo amante al conocer el amor recíproco de su padre. Pablo determina que con los mismos derechos, privilegios y confianza con la que Jesús se dirigió al padre, lo podemos hacer nosotros porque Dios es nuestro “ABBA PADRE”, Él es nuestro “papito querido”
Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el Espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” (Papito lindo y querido)
Al entender estas verdades nos acercamos a Dios con plena confianza, sin complejos ni condenación, con plenos derechos como herederos, no como mendigos. Debemos entender que nos estamos acercando a un Padre que tiene todo el amor y que nos amó antes de ser sus hijos, que podemos tener toda la seguridad que nunca nos hará daño.
“En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor;… De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor”. (1ª Juan 4:18.19)
El mensaje de Juan radica en revelar hasta donde llega la cobertura del amor de Dios. Simplificando el texto anterior lo que Juan quiso decir fue:
“El que vive en temores no conoce lo que Dios es capaz de hacer a su favor, por causa del amor que siente por él”.
ACERCA DE LA UNIGENITURA Y PRIMOGENITURA DE JESÚS
El término unigénito en griego es “Monogene”, y es un término compuesto: Mono = Único - Gene = Género
Unigénito en su complemento significa: El único Hijo Engendrado.
Debemos aclarar que el término “Unigénito” no sólo es aplicado a Jesús, ni es propiedad de su deidad. Algunos piensan que dicho término es aplicado a Jesús en relación a su divinidad, lo cual es totalmente falso.
El término unigénito en el N.T. es utilizado no sólo para hacer referencia a Jesús como único hijo, sino que también es utilizado para hacer referencia a hijos únicos pertenecientes a una familia. Esto indica que el término unigénito es un término común y corriente que se podía usar en cualquier caso en particular, y que no era absoluto a una divinidad, adjudicándole al término características divinas.
A continuación voy a dar pasajes donde fue utilizado dicho término en forma común y que fue traducido como “Único hijo”
“Por la Fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito”. (Hebreos 11:17)
“Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único (unigénito) de su madre…” (Lucas 7:12)
“Porque tenía una hija única (unigénito) como de doce años, que se estaba muriendo”. (Lucas.8:42)
“Y he aquí, un hombre de la multitud clamó diciendo: maestro, te ruego que veas a mi hijo, pues es el único (unigénito) que tengo” (Lucas 9:38)
Para hacer referencia a Jesús: Juan 1:14.18. 1ª Juan 4:9.
Para mayor comprensión de la unigenitura de Jesús, debemos estudiar la primogenitura.
Primogénito: Viene del griego “Prototokos”, que es un término compuesto: Protos = primero - Tikto = Engendrar. En su componente indica: Primer engendrado.
Debemos tomar en cuenta que en una familia cuando se declara la primogenitura, no hay lugar para la unigenitura; genealógicamente hablando no existe la figura del unigénito cuando existe un segundo hijo, ya que el unigénito pasa a ser el primogénito.
Es difícil entender que Jesús como hijo de Dios perdió la figura de unigénito y pasó a ser el primogénito entre muchos hermanos; es difícil aceptar lo que afirmamos, pero es una verdad que se puede demostrar con bases bíblicas y desde el punto de vista genealógico.
Lo primero que hay que entender es que en ninguna parte de Las Escrituras, después de que Jesús resucitó se le dio la posición de “unigénito”, con la excepción de 1ª Juan 4:9, y lo hace haciendo referencia de Jesús antes de la resurrección.
Lo segundo, es que si Jesús sigue siendo el unigénito hijo de Dios, desde el punto de vista legal y genealógico, nosotros no somos hijos de Dios, porque para que Jesús conserve la figura del unigénito, no tendría que tener hermanos, ni Dios tendría que tener más hijos. Jesús afirma después de su resurrección que nosotros somos sus hermanos legalmente y que su Padre es nuestro Padre.
“No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” . (Juan 20:17)
“Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. (Juan 1:12)
Lo tercero, es que cuando analizamos Hebreos 1:5-6, se hace referencia a Jesús como el unigénito y como el primogénito; pasemos a estudiar el pasaje:
“Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: yo te engendré hoy …”, observa que está haciendo mención de su unigenitura. Luego dice: “Y otra vez, cuando introduce al primogénito en el mundo,…” aquí está haciendo mención a su primogenitura.

El término “Introducir en el mundo” se refiere a la segunda venida de Jesús para la consumación del Reino, ¿cómo lo sabemos? Por el contexto, observe que quien viene por segunda vez a la Tierra trae la figura de primogénito, que es el mismo que vino la primera vez como unigénito.
Hay otra posición teológica que sostiene que el término “introducir en el mundo”, en referencia a Jesús, se trata de su resurrección de entre los muertos, ya que Jesús murió como el unigénito del Padre, pero resucitó como el primogénito del Padre.
Con todo lo que acabamos de afirmar, no le estamos quitando privilegios, derechos, posición, majestad, excelencia, señorío, a la persona de Jesús; sólo estamos exaltando y reconociendo los valores y privilegios que tenemos como hijos de Dios, por causa de tener un hermano sentado a la diestra de nuestro Padre.Mi propósito no es colocar a Jesús al nivel del hombre, es colocar al hombre al nivel de Jesús.
Pablo en Romanos 8:29 dice que nosotros fuimos escogidos por Dios para que llegásemos a tener la misma imagen de Jesús; si analizamos bien el texto nos daremos cuenta de que el término “Imagen” es aplicable a la posición que Jesús tiene como hijo de Dios, comparándonos a nosotros con Él, pasando Jesús a la posición de primogénito como el primero entre muchos.
El término Imagen” tiene que ver con la semejanza de una persona a otra, teniendo los mismos derechos, privilegios y posición, aun cuando no tenga los mismos parentescos.
Este término fue el mismo que se utilizó en 2ª Corintios 4:4 y Colosenses 1:15 para hacer referencia a la imagen de Cristo en comparación al Padre. Esto indica que con la misma autoridad, derechos, privilegios, posición y posesión en la que Jesús está delante del Padre, lo estamos nosotros como hijos; tenemos el mismo parentesco, somos tan hijos de Dios como lo es Jesús; Él no nos lleva ninguna ventaja. En nosotros se dio el principio de igualdad en el ministerio del cambio.
“El Hijo de Dios vino a ser el hijo del hombre, para que los hijos de los hombres viniesen a ser hijos de Dios”.

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lunes, 23 de mayo de 2011

EL PODER DE LA JUSTICIA PARTE # 7

MINISTERIO DE LA ENSEÑANZA Y LA EVANGELIZACIÓN
“JESÚS SOBERANO SEÑOR”
ESCUELA DE FORMACIÓN Y CAPACITACIÓN TEOLÓGICA

EL PODER DE LA JUSTICIA PARTE # 7
A continuación voy a explicar en forma exegética -tomando en cuenta los medios de interpretación- algunos textos bíblicos que han sido utilizados tradicionalmente por entes religiosos con una mala interpretación -en forma eisegética, fuera del contexto histórico- los cuáles han sido constituidos como una doctrina fuera de la realidad bíblica, condicionando así la Salvación del hombre, negando la eficacia de la obra regeneradora que se dio una sola vez en Cristo, y que el hombre obtiene por la fe, y la disfruta por fe.

> “Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. 2Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, 3¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, 4testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad."  (Hebreos 2:1.4).

Lo primero que hay que tomar en cuenta es que el escritor de la carta a los Hebreos le está escribiendo a judíos convertidos al Evangelio, que por haber abandonado sus creencias, estaban siendo confrontados por los líderes judíos profesantes de los rituales de la Ley, y a su vez estaban luchando con su propia conciencia, que los condenaba por haber abandonado dichos ritualismo estipulados por la Ley. Todo el desarrollo de la carta se centra en animar, exhortar a los judíos convertidos a no abandonar las creencias del Evangelio, que es más significativo y de más valor que los rituales de la Ley.

Lo segundo que hay que considerar es que en el capítulo dos, el escritor de la epístola a los Hebreos hace una comparación y le da mayor valor al mensaje proclamado por Cristo, que a la Ley traída por los ángeles y anunciada por los profetas. Y exclama, que si el mensaje dado por los ángeles (Hechos 7:53) fue firme, ¿cuánto más las Buenas Nuevas anunciadas por Cristo que nos fueron confiadas? Por esta razón, el que escribe exclama, con gran lamentación, al ver la disciplina y la confrontación severa que vendría de parte de Dios para aquellos a quienes les fue confiado el mensaje de Salvación, y no se ocupan del mismo, en cuanto a aceptación, vivencia y proclamación por causa de sus temores, prejucios, y perjuicios internos.

La expresión: “Cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande”, que aparece en el pasaje, no tiene nada que ver con perder la Salvación, sino con el escapar de la acción disciplinaria de Dios que vendrá por no ocuparse (en el caso de los judíos convertidos) como se requiere de dicha Salvación, por una desobediencia voluntaria, después de haber conocido la verdad en cuanto a Cristo se refiere, queriendo volver a los sacrificios y a las demandas de la Ley.

El escritor les advierte que si siendo profesantes de la Ley que vino mediante los ángeles y anunciada por los profetas, no escaparon del juicio y la disciplina de Dios por ser transgresores de ésta, menos se les pasara por alto la disciplina y la confrontación que tendrán de parte de de Dios si menosprecian y descuidan el mensaje del Evangelio que vino mediante Cristo.

“Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución,…”. (Hebreos 2:2)

Por lo tanto, en el aspecto de la Salvación, en cuanto al descuido al que hace mención el escritor, sin lugar a dudas se refiere a no atender con diligencia en forma absoluta y decisiva el llamado a la Salvación que vino por gracia, no ocupándose de él en la vivencia y la proclamación. Si no fuera así, hubiera una contradicción con respecto a lo dicho por Pablo en sus escritos, cuando afirma que el creyente no vendrá jamás a condenación eterna, ya que la responsabilidad penal por el pecado fue puesta sobre Jesús, ocupando el lugar del pecador; dicha acción penal de parte de Dios sobre Jesús -mediante el Espíritu- es irreversible en la vida del creyente, una vez que la haya adquirido por fe.

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. 2Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” Romanos 8:1.2.

“De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre. 2Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción? Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. 4En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, 5el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús” 1ª Corintio 5:1.5.
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>Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, 5y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, 6y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. 7Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; 8pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada." (Hebreos 6:4.8)

Lo primero que debemos tomar en cuenta es que a quienes se les escribe la carta son creyentes genuinos convertidos al Evangelio mediante la fe en Cristo, que no son meros profesantes que estuvieron dentro del seno de la Iglesia y después renegaron de la fe. Esto lo digo por algunos elementos que están dentro del pasaje que nos dan indicio de esto.

Los que fueron iluminados: Este término hace referencia a aquellos que por el Espíritu Santo fueron convencidos de pecado, al iluminar su entendimiento por el conocimiento de la Palabra, saliendo del estado enceguecido en el cual los tenía Satanás (2ª Corintios 4:4).

Gustaron del don celestial: Esto equivale y hace referencia a los que recibieron a Cristo como su Salvador, es lo que indica el verbo gustar.

Fueron hechos participantes del espíritu: Esto hace referencia a los que fueron hechos recepción o morada del Espíritu.

Gustaron de la buena Palabra de Dios: Esto es de algún modo conocer la verdad iluminada por el Espíritu de gracia, que está en contraste con lo que venían haciendo en los rituales de la Ley.

Aunque la carta se dirige a cristianos, el término recayeron -y- sean renovados para arrepentimiento, no da la idea, o la posibilidad, de que se pueda dar una recaída en un creyente y se pierda, por la imposibilidad de ser renovados por un nuevo arrepentimiento. El que escribe, está presentando suposiciones hipotéticas o supuestos negados en el sentido, que si se da la posibilidad de recaer es imposible que sean renovados para Salvación porque para tal acción hay que proveerse de un nuevo sacrificio, llevando de nuevo a Jesús a la cruz del calvario.

El término recaer según el lenguaje del que escribe la hipótesis, da la idea de volver a estar en el estado de muerte en la que estaba antes de convertirse sin lugar de arrepentimiento. En un supuesto que el término recaer es relativo a la pérdida de Salvación, entonces es aplicado a quienes renegaron de la fe, y por tal acción quedaron destinados para el fuego eterno sin retribución alguna. Éste no es el lenguaje bíblico, donde presentan a un individuo después de ser salvo, errante en la tierra sin posibilidad de salvación.

Por esta causa, el término recaer según el lenguaje del que escribe, no es aplicado a quien por descuido tuvo un desliz, o por igual aquellos que premeditadamente cometieron un pecado, ya que al acudir al perdón por su arrepentimiento, al confesar su pecado y apartarse del mismo, volverán a la comunión con Dios.

Por otro lado, si el recaer tiene que ver con morir en el acto de pecado, entonces, ¿para qué la reprensión que hace el que escribe, al decir que es imposible sacrificar a Cristo de nuevo para arrepentimiento, si después de la muerte no hay posibilidad de Salvación? Esto indica, que el recaer tampoco hace referencia a los que mueren en pecado, siendo nacidos de nuevo.

Por esta razón, quien escribe hace referencia a posibilidades hipotéticas afirmando que el recaer no se da en la vida de un nacido de nuevo, iluminado por el Espíritu, indicando que los que reniegan de la verdad, apostatando de la fe, negando el sacrificio de Jesús, volviendo a los sacrificios y rituales de la Ley, sólo fueron meros espectadores y profesantes que no estaban convertidos al Evangelio, hasta el punto que son comparados con tierra donde no germino la semilla ( la Palabra) y por tal acción quedo reprobada bajo juicio y maldición.

“Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; 8pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada” Hebreos 6:7.8.

Lo otro que hay que tomar en cuenta es que la vida espiritual o la llamada vida eterna, no puede entrar en un hombre por segunda vez, ya que no hay una segunda oportunidad para tal acción, porque esa vida se dio por un sólo sacrificio, que se hizo una vez y para siempre (Hebreo 10:4.12). Igualmente, la muerte no puede entrar en un hombre por segunda vez porque esto se dio una sola vez en Adán. Por esto afirmamos que la proclamación que presenta el escritor a los Hebreos son suposiciones hipotéticas o supuestos negados, negando la posibilidad de que este acontecimiento le pase a uno que haya nacido de nuevo, y afirmando que quien reniegue de la fe y apostaten en contra de ella, son judíos no convertidos, meros profesantes, agentes nominales que estaban introducidos dentro de la Iglesia.

En resumen, la enseñanza aquí es sencilla: no es posible que un cristiano caiga de la gracia y pierda su Salvación, entrando por segunda vez en un estado de muerte para condenación y se mantenga errante, destinado para el infierno. No puede la muerte entrar por segunda vez en aquellos que han sido justificados por Cristo y que por causa de la justicia hayan obtenido la vida eterna. Reitero: todo lo que el escritor presenta son suposiciones hipotéticas o lo que es lo mismo, supuestos negados.
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>Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, 27sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. 28El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. 29¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? 30Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. 31¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo! Hebreos 10:26.31.

Para comprensión del pasaje es necesario establecer a quienes se dirigen las palabras del autor. Sin lugar a dudas se reitera el mensaje a los creyentes como el caso del capítulo 6. En esta oportunidad se presenta el mismo mensaje con diferentes connotaciones en un lenguaje hipotético.

El pecado voluntario que menciona el escritor, está relacionado a volver a los ritos de la ley, sacrificando corderos en forma voluntaria después de haber tenido conocimiento a través de la Palabra, del verdadero cordero que ya fue inmolado una vez y para siempre.

El volver a estos sacrificios significa no haber tenido revelación e iluminación del Cristo como el único cordero acepto ante Dios como el sacrificio eterno y absoluto. El que escribe afirma que el que haga tal acción (el volver a los sacrificios de corderos según los rituales de la ley), es mero profesante nominal, que estuvo infiltrado en la Iglesia, y que por tal acción pone por inmunda la sangre del pacto eterno y pisotearía así al hijo de Dios, haciendo afrenta al Espíritu de Gracia.

El lenguaje del escritor nos indica con el verbo “conocer”, que se trata de uno que es devoto a la ley y fue vividor de ella, ya que afirma en su mensaje: “pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza yo daré el pago dice el Señor”.

Por otro lado, la frase: “Y otra vez el Señor Juzgará a su pueblo”, nos afirma con exactitud que se hace referencia a judíos no convertidos que apostatan de la verdad en cuanto a Cristo como el cordero, después de tener un conocimiento meramente intelectual para volver a los sacrificios y los rituales de la ley.

Por otro lado, la frase “Otra vez”, relacionada al juicio, no es consecuente con la Iglesia, ya que ella (la Iglesia) no ha pasado por ningún juicio de parte de Dios. Esto le da fuerza a lo antes dicho de que el escritor está haciendo referencia a judíos no convertidos, meros simpatizantes que estaban infiltrados en la Iglesia.

En conclusión acerca del tema de la pérdida de la Salvación, estos pasajes que estudiamos -extraídos del libro de los Hebreos- no se deben tomar como fundamento doctrinal para afirmar que un creyente puede perder la Salvación.

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> “2Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, 13porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. 14Haced todo sin murmuraciones y contiendas, 15para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; 16asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado…”. (Filipenses 2:12)

La oración “Ocupaos de vuestra salvación” que aparece en el pasaje, no da la idea de mantener la Salvación por obras, demarca la severa exhortación que el Apóstol Pablo le da a los creyentes a que se avoquen, trabajen, produzcan, para difundir el Evangelio como luminares del mundo dando testimonio de tal proclamación con palabras y con hechos.
El término que se utilizó del griego es: “Katergazomai” que es la forma enfática de “Ergazomai” que indica: trabajar, producir, llevar a cabo la obra encomendada como luminares en el mundo, en pro de la salvación que recibimos, para que otros sean beneficiados. Es un dar de gracia lo que de gracias recibimos.


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martes, 17 de mayo de 2011

EL PODER DE LA JUSTICIA PARTE. 6

MINISTERIO DE LA ENSEÑANZA Y LA EVANGELIZACIÓN
“JESÚS SOBERANO SEÑOR”
ESCUELA DE FORMACIÓN Y CAPACITACIÓN TEOLÓGICA

EL PODER DE LA JUSTICIA  PARTE. 6

Cualquier pecado que cometamos ante Dios nos debe contristar pero no condenar. Yo me siento contristado y avergonzado delante de la santidad de Dios por el pecado que hice, pero nunca me siento condenado ante Él, porque Él nunca me condenará, y tampoco se avergonzará de mí.
b) El mismo nivel de justicia que está en Dios está en mí, esto indica que Dios es más Santo que yo pero no más justo.
Dios es justo porque en Él inherentemente no hay pecado, pero es Santo porque Él no comete pecado. En parte lo mismo pasa con nosotros, después de ser justificados en nuestro espíritu no hay pecado y eso nos hace tan justos como Dios, pero en nuestras acciones pecamos y eso nos niega la posibilidad de ser santos como lo es Dios.
La justicia tiene que ver con una posición, la santidad con las obras, esto indica que la justicia que está en mí es un suceso que se dio en el espíritu, la santidad es un proceso que se da en el alma.
La justicia es instantánea y es equivalente a la santidad en el espíritu, pero la santidad en el alma es progresiva.
Todo pecado que cometa puede afectar en mí la santidad no la justicia, porque la justicia es un suceso que se dio por imputación y no hay obra que la pueda contaminar. La justicia se dio por gracia, se obtuvo por fe y se mantiene en fe, no tiene nada que ver con obras. Romano 3: 24.30. Gálatas 2:16. Tito 3:7.
“Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” Romanos 1:17.
“He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá” Habacuc2:4.
c) Debemos aclarar que hay una diferencia en la justicia con relación a Dios y al hombre, y es que, la justicia que está en Dios es inherente, absoluta, propia, en los hombres es derivada, imputada; pero con todo y eso es la misma justicia. Por esta causa afirmaba anteriormente con toda seguridad que Dios es más santo que yo pero no más justo.
BENEFICIOS DE LA JUSTICIA

I. OBTENEMOS LA VIDA DE DIOS
Por causa del misterio del cambio, se dio una transición bilateral en la vida que estaba en Jesús y la muerte que estaba en mí. De la misma forma que Dios imputó sobre mí la justicia imputó la vida. Para que todo esto se diera Dios tuvo que colocar sobre Jesús las muertes como transfirió el estado de pecado, Y este es uno de los estados más humillantes en la que Jesús como hombre tuvo que caer, que estando en Él el autor de la vida que es el Verbo tuvo que probar la muerte. Esto parece paradójico e inaceptable, que Jesús haya muerto en la cruz, lo grande del caso es que sobre Jesús entraron las dos (2) muertes tanto la espiritual como la física, si Jesús no muere espiritualmente no puede morir físicamente, lo que produjo la muerte física en Adán fue la muerte espiritual, el mismo incidente se dio en Jesús.
En Génesis 2:17 Dios le dijo a Adán refiriéndose al fruto prohibido “...; porque el día que de el comieres, ciertamente morirás”.

El texto original no lo expresa de esa forma, en el original dice: “... ciertamente muriendo morirás”. Según esta versión, se está haciendo referencia a las dos muertes, tanto espiritual como física, nunca Adán hubiera muerto físicamente si primero no muere espiritualmente, lo mismo pasó con Jesús.
La Biblia da testimonio de la muerte de Jesús. En 1ª Corintios 15:21 dice: “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre”.
Es razonable y está en la lógica lo que voy a presentar. Para que la muerte entrase por un hombre éste tenía que estar vivo, porque ¿cómo puede la muerte matar al que está muerto? Y en contraste dice: “También por un hombre la resurrección de los muertos” es decir: “Por otro hombre entró la vida”, también es razonable, para que la vida entrase a través de un hombre éste tenía que estar muerto, porque ¿cómo puede la vida darle vida al que está vivo?
De este segundo hombre a que hace referencia el texto es Jesús, el postrer Adán. Jamás la vida podía entrar por Jesús a menos que estuviese muerto.
Apocalipsis 1:18. 2:8; da testimonio de que Cristo está vivo porque estuvo muerto, “… el que vivo, y estuve muerto, mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos…; “…y escribe al ángel de la Iglesia en Esmirna: el primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivió…”.

Hebreos 2:14 dice que Jesús venció al que tenía el imperio de la muerte a través de la muerte, si Jesús no muere y vence la muerte con la resurrección no podía vencer al diablo.
“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo”
En Hechos 2:24, se registra un testimonio impresionante acerca de la muerte de Jesús.
“Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte,...”

Este texto da la idea que de la misma forma que a la mujer se le producen dolores para soltar el nacimiento del comienzo de una vida, así sucedió con la muerte y los poderes de las tinieblas, que con todo el dolor que le pudo producir tuvo que soltar a Jesús para darle comienzo a una nueva vida.
Este texto da la idea como si el sepulcro sufriera dolores de parto y no pudiera contener en sus entrañas a Jesús, el mismo pasaje al final lo confirma:
“,... por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.” Hechos 2:24.
1ª Pedro 3:18 hace referencia de la resurrección de Cristo en lo espiritual. Cristo, para poder resucitar en la carne, tenía que ser vivificado en el espíritu.
“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu.”

Hay razones para negar que en este pasaje el término espíritu relacionado a la vivificación, esté haciendo referencia al Espíritu Santo. Lo primero que tenemos que tomar en cuenta es que en las versiones Bíblicas y aun en el texto original, no aparece el pronombre personal “el” para hacer referencia al espíritu, por lo cual queda descartado que esté haciendo mención al Espíritu Santo, sino más bien al espíritu de Jesús.
También debemos tomar en cuenta que tanto la carne como el espíritu están siendo presentados por el Apóstol como un contraste, dicho contraste está puesto para dar a entender el resultado triunfal de la muerte de Cristo indicando que, aun cuando corporalmente se le dio una muerte violenta en el espíritu, en su condición posterior de resucitado, entró en una nueva fase de vida más plena. Esto indica, que la vivificación que presenta el Apóstol Pedro en el pasaje, está haciendo total referencia a la vida que obtuvo Cristo en su espíritu por causa de haber sido justificado.
Nota: Quiero que quede muy claro, que en ningún momento quise decir que el espíritu de Jesús murió, lo que quiero enseñar es que en Jesús se dio la muerte espiritual, que sería igual a decir que murió en el espíritu.

ACERCA DE LA JUSTIFICACIÓN DE JESÚS
Dios para vivificar a Jesús primero tuvo que justificarlo, porque lo que produce la vida es la justicia.
El término que se utilizó del griego “Justificado” tiene y da la idea de considerar a alguien justo, acto que en el tribunal de Dios solo se podría considerar a aquel que le diera cumplimiento a la ley. Romanos 2:13.

En 1ª Timoteo 3:16, se da la idea en una forma tácita que el Espíritu Santo fue el agente encargado de justificar a Jesús en su espíritu, y esto lo deducimos por el término que se utilizó en el griego “Justificado” que indica dicha acción.

“Dios fue manifestado encarne, Justificado en el Espíritu”…,

La frase “En el Espíritu” para hacer referencia a lo justificado, no solo es atribuido a la acción del Espíritu Santo en la obra de justificación, sino la acción directa del Espíritu Santo justificando a Jesús en el espíritu.
Debemos tomar en cuenta que el Espíritu Santo nunca podría llevar a cabo dicha acción sin tener un argumento o razón para hacerlo, Él debía tener un argumento de peso para poder librar a Jesús del estado de pecado en la cual Jesús se encontraba, por tanto, el elemento que Dios utilizó para justificar a Jesús en su espíritu fue el cumplimiento de la Ley o los mandamientos de Dios.
La ley podía justificar y vivificar al hombre, Pablo nunca negó la posibilidad, que no hubo uno que pudiera cumplir la ley para ser justificado por ella es otra cosa. Pablo dijo que el mandamiento (la Ley) que se me dio para vida produjo en mí la muerte al no poderla cumplir.
“Y hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte;” Romanos 7:10.
Cristo fue justificado por la obediencia a las demandas de Dios, ante el tribunal de Dios no había pecado registrado que Jesús hubiera hecho, las Escrituras dicen:
“Fue tentado en todo pero sin pecar” .Hebreos 4:15.
“No se halló pecado en El”. Isaías 53:9. 1ª Pedro 2:22.
Según Apocalipsis 20:12 todo ser humano tiene un libro ante el tribunal de Dios en el cual le están haciendo registro de sus obras para ser juzgado por ellas. En el caso de Jesús no fue la excepción, como ser humano contado entre los vivientes tenía su libro, con la diferencia que allí no hay registro de pecado que Él en lo personal hubiera hecho. Esta fue la sorpresa más grande que el diablo se llevó, él creía tenerlo seguro en el infierno por la condición en la que murió, cargado de pecado; lo que Satanás no sabía era que el pecado de la humanidad no podía juzgar a Jesús eternamente porque Él no tenía culpa de ese pecado. Satanás tuvo que entregar a Jesús de entre los muertos a causa de la justificación que se dio en su espíritu producto de la obediencia en el cumplimiento a la ley.
Por esta causa yo doy gracias a Dios por Jesús, si Él hubiese violado una tilde de la ley o el mandamiento más pequeño de ella estuviésemos destinados para el infierno. Pero Jesús, cumpliendo la ley, fue justificado y a causa de la justicia de la ley, fue vivificado para dar vida a los que justifica por su sangre. Este triunfo lo presenta Pablo como un cántico de victoria en una de sus cartas.
“¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.” 1ª Corintios 15:55-57.
Lo que Pablo quiso decir en su más amplio sentido fue:
 “¿Dónde está, oh muerte tu aguijón? ¿Dónde, oh muerte tu victoria? Ya que lo que le da derecho a la muerte es el pecado, y lo que le da poder al pecado es la ley. Gracias doy a Dios por Jesucristo, que cumpliendo la ley venció al pecado, y venciendo al pecado destruyó la muerte”.

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lunes, 2 de mayo de 2011

EL PODER DE LA JUSTICIA PARTE #5

MINISTERIO DE LA ENSEÑANZA Y LA EVANGELIZACIÓN
“JESÚS SOBERANO SEÑOR”
ESCUELA DE FORMACIÓN Y CAPACITACIÓN TEOLÓGICA

EL PODER DE LA JUSTICIA PARTE #5


Como en la Cruz se dio el Ministerio del Cambio, y Él fue mi mediador (Mesites), mi sustituto, de la misma manera y con la misma fuerza, propiedad y autoridad que Dios imputó el pecado sobre Jesús, imputó la justicia sobre mí.
Cristo se llevó mi estado de pecado, pero Dios me dio su estado de justicia (2ª Corintios 5:21).
De la misma manera como Dios vio a Jesús como el germen del pecado, me ve a mí como la justicia misma.
De la misma forma como Dios puso el pecado en Jesús y lo declaró culpable, puso sobre mí su justicia y me declaró justo.

Por esta causa corroboro lo antes dicho, que aun cayendo en el pecado más horrendo o más degradante de este mundo, por causa del misterio del cambio y de la sustitución que se dio en la cruz, dejaré de ser santo pero no dejaré de ser justo. Esto indica que no hay obras de pecado en este mundo que me condene.

“Como está escrito: No hay justo, ni aun uno;… Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los Profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús”. (Romanos 3:10.25)
EN CUANTO A LA JUSTICIA DEBEMOS ESTAR CLARO

a) La justicia que está en mí, no entró por obras sino por imputación, indica que no hay obra que me quite la justicia.
Si la justicia hubiera entrado por obras, la tendría que mantener por obras. Esto indica que sólo el que me dio la justicia me la puede quitar, y esto es imposible aun para Dios, porque ¿cómo puede Dios caducar lo que ya ha quedado determinado en forma absoluta en el tribunal supremo celestial? Por lo tanto, no hay pecado que determine tu condenación, no hay quien te pueda condenar, somos libre en Jesús por el Espíritu
.
El hecho de la imputación es subrayado en la imputación del pecado de Adán a la raza humana con el efecto de que todos los hombres son considerados pecadores por Dios (Romanos 5:12-21). Esto se desarrolla más aún en el hecho de que el pecado del hombre fue imputado a Cristo cuando Él se ofreció como ofrenda por el pecado del mundo (2ª Corintios 5:14, 21; Hebreos 2:9; 1ª Juan. 2:2). Así también la justicia de Dios es imputada a todos los que creen. Por causa de esta provisión se puede decir de todos los que son salvos en Cristo que ellos son hechos justicia de Dios en Él (1ª Corintios 1:30; 2ª Corintios 5:21).
Siendo que esta justicia es de Dios y no del hombre y, que según lo afirman las Escrituras, ella existe aparte de toda obra u observancia de algún precepto legal (Romanos 3:21), es obvio que esta justicia imputada no es algo que el hombre pueda efectuar. Siendo la justicia imputada por Dios, ella no puede ser aumentada por la piedad de aquel a quien le es imputada, ni tampoco disminuir por causa de su maldad.
Los resultados y las propiedades de la imputación se ven en que la justicia de Dios es imputada al creyente sobre la base de que el creyente está en Cristo por medio del nuevo nacimiento que se da mediante el Espíritu Santo. A través de esa unión vital con Cristo por el Espíritu el creyente queda unido a Cristo como un miembro de su cuerpo, no como una prótesis del cuerpo. (1ª Corintios 12:13), y como un pámpano a la Vid verdadera (Juan 15:1,5). Por causa de la realidad de esta unión, Dios ve al creyente como parte viviente de su propio Hijo. Por lo tanto, Él ama al creyente como ama a su propio Hijo (Efesios 1:6; 1ª Pedro 2:5), y considera que el creyente es lo que su propio Hijo es: la justicia de Dios (Romanos 3:22; 1ª Corintios. 1:30; 2ª Corintios 5:21). Cristo es la justicia de Dios, por consiguiente, aquellos que son salvos son hechos justicia de Dios por estar en Él (2ª Corintios 5:21). Ellos están completos en Él (Colosenses 2:10) y perfeccionados en Él para siempre (Hebreos 10:10, 14). Por esta causa corroboro lo antes dicho, no hay obras de pecado que me puedan condenar después de haber sido justificado. Y esto lo dejó bien claro el Apóstol Pablo en sus escritos.
Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. 2Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:1.3)

“¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Romanos 8:33.34)

“Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), 9y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. 10En esa voluntad somos santificados( justificados) mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.11Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; 12pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, 13de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; 14porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados ( a los que justifico)” Hebreos 10:8.14.
Cualquier pecado que cometamos ante Dios nos debe contristar, pero no condenar, porque no hay pecado que te pueda condenar después de haber sido justificado por Dios mediante el sacrificio de su hijo por su Espíritu Santo.
Yo me siento contristado y avergonzado delante de la santidad de Dios por el pecado que hice, pero nunca me siento condenado ante Él, porque Él nunca me condenará, y tampoco se avergonzará de mí.
A continuación voy a explicar en forma exegética -tomando en cuenta los medios de interpretación- algunos textos Bíblicos que han sido utilizados tradicionalmente por entes religiosos con una mala interpretación -en forma eisegética, fuera del contexto histórico- los cuáles han sido constituidos como una doctrina fuera de la realidad Bíblica, condicionando así la Salvación del hombre, negando la eficacia de la obra regeneradora que se dio una sola vez en Cristo, y que el hombre obtiene por la fe, y la disfruta por fe.

Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. 2Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, 3¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, 4testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad. (Hebreos 2:1.4).

Lo primero que hay que tomar en cuenta es que el escritor de la carta a los Hebreos le está escribiendo a judíos convertidos al Evangelio, que por haber abandonado sus creencias, estaban siendo confrontados por los líderes judíos profesantes de los rituales de la Ley, y a su vez estaban luchando con su propia conciencia, que los condenaba por haber abandonado dichos ritualismo estipulados por la Ley. Todo el desarrollo de la carta se centra en animar, exhortar a los judíos convertidos a no abandonar las creencias del Evangelio, que es más significativo y de más valor que los rituales de la Ley.

Lo segundo que hay que considerar es que en el capítulo dos, el escritor de la epístola a los Hebreos hace una comparación y le da mayor valor al mensaje proclamado por Cristo, que a la Ley traída por los ángeles y anunciada por los profetas. Y exclama, que si el mensaje dado por los ángeles (Hechos 7:53) fue firme, ¿cuánto más las Buenas Nuevas anunciadas por Cristo que nos fueron confiadas? Por esta razón, el que escribe exclama, con gran lamentación, al ver la disciplina y la confrontación severa que vendría de parte de Dios para aquellos a quienes les fue confiado el mensaje de Salvación, y no se ocupan del mismo, en cuanto a aceptación, vivencia y proclamación por causa de sus temores, prejuicios, y perjuicios internos.

La expresión: “Cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande”,que aparece en el pasaje, no tiene nada que ver con perder la Salvación, sino con el escapar de la acción disciplinaria de Dios que vendrá por no ocuparse (en el caso de los judíos convertidos) como se requiere de dicha Salvación, por una desobediencia voluntaria, después de haber conocido la verdad en cuanto a Cristo se refiere, queriendo volver a los sacrificios y a las demandas de la Ley.

El escritor les advierte que si siendo profesantes de la Ley que vino mediante los ángeles y anunciada por los profetas, no escaparon del juicio de Dios por ser transgresores de ésta, menos se les pasara por alto la disciplina y la confrontación que tendrán de parte de de Dios si menosprecian y descuidan el mensaje del Evangelio que vino mediante Cristo.

“Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución,…”. (Hebreos 2:2)

Por lo tanto, en el aspecto de la Salvación, en cuanto al descuido al que hace mención el escritor, sin lugar a dudas se refiere a no atender con diligencia en forma absoluta y decisiva el llamado a la Salvación que vino por gracia, no ocupándose de él en la vivencia y la proclamación. Si no fuera así, hubiera una contradicción con respecto a lo dicho por Pablo en sus escritos, cuando afirma que el creyente no vendrá jamás a condenación eterna, ya que la responsabilidad penal por el pecado fue puesta sobre Jesús, ocupando el lugar del pecador; dicha acción penal de parte de Dios sobre Jesús -mediante el Espíritu- es irreversible en la vida del creyente, una vez que la haya adquirido por fe.

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. 2Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” Romanos 8:1.2.

“De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre. 2Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción? Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. 4En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, 5el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús” 1ª Corintio 5:1.5.




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