sábado, 28 de abril de 2012

¿QUÉ ES LA ORACIÓN?

¿QUÉ ES LA ORACIÓN?
>La Oración es una conversación, es una plática.
La Oración, según el testimonio de las Escrituras, es una plática, una conversación. Vamos presentar un ejemplo:
“Aún estaba hablando y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios por el monte santo de mi Dios; aún estaba hablando en oración,…” Daniel 9:20.21.
En el diálogo, o la conversación, hay ciertos elementos a cumplir para que se pueda caracterizar como tal.
En el diálogo se platica, se conversa en una forma pausada, sin algarabías ni gritos. El diálogo es la forma de expresión donde se comparte la forma de pensar. La oración éticamente es un “Coloquio”, que según sus características es: Un lenguaje desarrollado en forma correcta y organizada con sentido común.
Por lo tanto, el grito y la algarabía son principios de violencia e instinto de locura, y rompen con los principios y la ética de la oración. El gritar y formar algarabía en la oración es producto de la desesperación, la inseguridad, e impotencia. En este terreno cayeron los sacerdotes de baal al no tener respuesta a su clamor. 
“Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle. Y ellos clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos. Pasó el mediodía, y ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecerse el sacrificio, pero no hubo ninguna voz, ni quien respondiese ni escuchase” 1ª Reyes 18:27.29.
En esta lectura tenemos una gran enseñanza que se presenta en el lenguaje antónimo. El hecho, de que el profeta Elías se burlara de ellos irónicamente incitándole de que gritara a su dios, es una enseñanza de que al Dios nuestro no lo tenemos que gritar, Él escucha nuestras oraciones.
Un silencio dice más que mil palabras: A veces una lágrima, un gemido o el silencio pueden convertirse delante de Dios en la oración de más alto nivel y puede llegar hacer la que más se escucha en los cielos. No es el timbre de voz lo que Dios toma en cuenta en la oración, sino el motivo y el contenido de ella.
La algarabía y los gritos son condenados por Jesús y Dios los aborrece, el Maestro no solo criticó el motivo de la oración sino la forma de hacerlo, ÉL dijo: “Ora en lo secreto”, es decir: “Ora de tal manera que nadie te vea y nadie te escuche, solamente Dios porque lo estás haciendo para Él”. 
No te olvides de esta verdad: Dios tiene más deseos de escucharte que tú de hablar, se moderado y disciplinado en la oración, conversa con Dios no lo grites.
>Protocolo y la verborrea como parte de la oración.
Veamos que son verborrea y protocolos.
Verborrea: Tendencia o inclinación a emplear más palabras de las necesarias para decir o trasmitir algo. Es la locuacidad excesiva.
Protocolo: Reglas ceremoniales y diplomáticas establecidas que se dan en por decretos o por costumbres para anticipar un discurso.
Estas acciones son condenadas por Jesús, y de paso son aborrecidas por Él. Jesús dijo: “Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa..., y orando, no uséis vanas repeticiones como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oído”. Mateo 6:5.7.
El término “Vanas repeticiones” que aparece en el pasaje antes mencionado, hace referencia a Oraciones formularias o frases vacías, repeticiones sin sentido que no hacen falta en el comienzo ni en el desarrollo de la oración.
El término “Palabrerías” que utilizo Jesús en el discurso es relativo a la verborrea. Es el término compuesto del griego “Polulogia” Polus=mucho. Logos= palabras. Que indica: El exceso de palabras, el hablar mucho para decir poco. Palabrerías es relativo a la locuacidad. 
Los paganos tenían la creencia que mediantes sus repeticiones incesantes y muchas palabreríos, informarían a sus dioses sus necesidades, y de esta forma convencerlo para recibir gratificación por causa de sus vanas repeticiones. 
Lo de Jesús no era condenar toda repetición que se haga en la oración si es necesario hacerlo, ya que Él mismo oro tres veces en Getsemaní diciendo las mismas palabras. La condena está, en que todo el tiempo comiences la oración con palabras preestablecidas y rebuscadas marcando un patrón, que a la verdad ante Dios no tienen valor, ya que Él toma en cuenta el motivo y el contenido de la oración; el por qué dices las cosas, y si es razonable lo que dices. 
Otro de los factores que podría entrar en “vanas repeticiones”, son las muletillas que a menudo usamos con el fin de rellenar o coordinar una oración, siendo las más usadas: “gloria a Dios, aleluya, santo su nombre, alabado sea el Señor, gloria sea el nombre del Señor, a su nombre gloria, oh dios mío, amen, amen, amen, alabanza alabanza alabanza”. Incluyendo el chastiar en medio en la oración. Nada de esto ante Dios no tiene sentido.
>El balbucear lenguas desconocidas en medio de la oración
El hablar en lengua en forma intercalada en la oración cuando se hace en público es condenado. El Apóstol Pablo hace correcciones sobre esta práctica, dice que si el hablar en lengua en público no tiene interpretación calle y hable para sí y para Dios. Con este tipo de intercalaciones con supuestas lenguas espirituales, dejan sin sentido la oración ante los oyentes, Pablo dice que como te dirá amen o secundara tu oración los que te oyeren si no entienden nada.

“Por lo cual, el que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretarla. Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto. ¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento. 16Porque si bendices sólo con el espíritu, el que ocupa lugar de simple oyente, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias? pues no sabe lo que has dicho. Porque tú, a la verdad, bien das gracias; pero el otro no es edificado. Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros; pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida…” 1ª Corintio 14:13.19.

“Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios” 1ª Corintios 14:28.
>El cambiar el timbre de voz en la oración.
El cambiar el timbre de voz sufriendo una transformación en el momento de orar y hablan como nunca lo han hecho engolando la voz, no le da ningún sentido, valor, o fuerza a la oración; pienso que este acto es aborrecido por Dios porque se entra en el campo del espectáculo queriendo impresionar a los oyentes.
El acto de engolar la voz se conoce fonéticamente como: Afectar, distorsionar, pronunciar la voz poco natural, es el acto de querer ser resonante. 
Debemos ser naturales en la forma de hablar con Dios y usar nuestra propia voz, a Él no lo asombra ni lo convence el cambio del timbre de nuestra voz. Tampoco tratemos de impactar a los que nos oyen, la oración no es para ellos, estamos hablando con nuestro Dios. 
B) La oración es un diálogo, no un monólogo. 

Monólogo: Es el acto de hablar consigo mismo, es una conversación donde no se espera respuesta de nadie, y en su mayoría se cree tener toda la razón.
En este terreno un gran porcentaje de los creyentes han caído, conversan con Dios sin esperar respuesta de Él. La oración es un medio para alcanzar un fin, y el fin de la oración es tener respuesta de ella. Una oración sin respuesta pierde su significado. El mismo tiempo que apartamos para hablar debemos apartar para escuchar. Es ilógico que entremos en la recámara a tener una conversación con Dios para luego no tener respuesta de Él, Dios quisiera contestar nuestras oraciones pero uno de los motivos por la cual no lo hace es que nunca le cedemos el tiempo para que lo haga. Si en el momento del tiempo de la espera no tenemos respuestas a la oración, debemos en el transcurso del día estar atentos, Dios se valdrá de cualquier medio para dar respuesta a la oración, pero debemos estar en la sintonía del Espíritu para poder escuchar la respuesta de Dios. En la carne nunca podemos sintonizar al Espíritu, es un principio que el Apóstol Pablo presentó, Él dijo: “Acomodando lo espiritual a lo espiritual”
La Biblia nos da registros de hombres que tomaron decisiones y llevaron a cabo obras como resultado de las respuestas que recibieron de Dios en sus oraciones. El interés de Dios no es solo que hables sino que lo escuches, y tengas resultado de la oración que hiciste.
Ejemplo: “Entonces Josué habló a Jehová el día en que Jehová entregó al amorreo delante de los hijos de Israel, y dijo en presencia de los israelitas: Sol, detente en Gabaón; Y tú, luna, en el valle de Ajalón. Y el sol se detuvo y la luna se paró, Hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos… Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero. Y no hubo día como aquel, ni antes ni después de él, habiendo atendido Jehová a la voz de un hombre;…” Josué 10:12.14.
Ejemplo: Entonces dijo Elías a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el pueblo se le acercó; y él arregló el altar de Jehová que estaba arruinado .Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido dada palabra de Jehová diciendo, Israel será tu nombre edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová; después hizo una zanja alrededor del altar, en que cupieran dos medidas de grano. Preparó luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y lo puso sobre la leña. Y dijo: Llenad cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; y lo hicieron la tercera vez, de manera que el agua corría alrededor del altar, y también se había llenado de agua la zanja.
Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja. Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!” 1ª Reyes 18:30.39.

Ejemplo: “Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir”. Lucas 41:44.

Ejemplo: “Y puestos en libertad, vinieron a los suyos y contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho. Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay; que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes, Y los pueblos piensan cosas vanas? Se reunieron los reyes de la tierra, Y los príncipes se juntaron en uno Contra el Señor, y contra su Cristo. Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo había antes determinado que sucediera. Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios”. Hechos 4:23.31.

En conclusión. Cuando tu oras y esperas respuestas de Dios la obtendrás, pero si entras en un monologo indica que no estas esperando respuestas y por ende no la obtendrás.


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domingo, 22 de abril de 2012

LA FE SE DA EN CUATRO PASOS

LA FE SE DA EN CUATRO PASOS.

OIR > ACEPTAR > CONFESAR > ACTUAR. 

Estos cuatro pasos se dieron en la mujer que tenía el flujo de sangre. Pasemos analizar el pasaje.

“Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud y tocó su manto. Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva. Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote, Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote”. (Marcos 5:25)

OIR:

El oír es uno de los pasos fundamentales para que la fe se desarrolle y se manifieste, ya que no podemos creer o darle credibilidad, confesar y actuar sobre lo que no hemos oído acerca de la Palabra de Dios, debido a que la fe tiene fundamento en lo que Dios ha dicho y ha establecido en su Palabra. Del oír depende los otro pasos.

Jesús dijo: “El que tenga oídos para oír, oiga” Mateo 11:15.

Oír: Equivale al conocimiento que tengamos de la Palabra y la atención a ella; esto lo presenta Pablo en una de sus cartas.

“Esto sólo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe”. (Galatas 3:2)

Oír: Es algo más que escuchar. No se limita al oído físico, tiene que ver con percibir con el corazón, aceptar con el entendimiento.

Alguien dijo: “Para mirar al cielo tengo que observarlo unas cuantas veces para poder verlo, porque podemos tener nuestra mirada en el cielo, y tener la vista en otras cosas”.

Por igual, podemos estar escuchando algo y no oír nada. Por esta causa, decimos que el oír no se limita al oído físico, sino a la atención y la diligencia que tengamos de aquella información que percibimos a través de los sentidos físicos en relación con la Palabra de Dios.

Oír: tiene que ver con el conocimiento, la comprensión, el escudriñar, el indagar, el investigar, la búsqueda, el meditar, estar atento y diligente, ser amante de la verdad y apropiarse de ésta.

“Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír. Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido”. (Hebreos 5:11.12)

El oír la Palabra nos permite desarrollar y preparar un fundamento sólido para desarrollar una vida de fe. Nunca descuidemos el estudio de la Palabra y lo que conlleva. Pedro dijo: “No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas…Nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la Palabra”. (Hechos 6:2,4)

ACEPTAR.

Aceptar: Tiene que ver con la aprobación, con un secundar, con una conformación.

Aceptar: Tiene que ver con entender que la Palabra de Dios no falla.

Aceptar: Tiene que ver con el entender que la Palabra de Dios no regresa vacía.

Aceptar: Tiene que ver con entender que Dios no miente.

Aceptar: Tiene que ver con entender que Dios primero deja de ser Dios antes de dejar de cumplir su Palabra.

Nota: Una vez que oigo la Palabra debo aceptarla sin cuestionar ni vacilar, ni opinar; entendiendo que ésta es la verdad de Dios y que Él no miente.

Más adelante cuando tratemos el punto de la integridad de Dios y de su Palabra desarrollaremos mejor este punto.

Pablo dijo: “Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí,…”. (2ª Corintios 4:13)





CONFESAR:

En la carta del Apóstol Pablo a los Romanos encontramos el principio Bíblico acerca de confesar sobre lo que se ha creído y se ha oído. Pasemos analizar el pasaje.

“…si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”. (Romanos 10:9.10)

El principio radica en que “todo lo que tú creas o aceptes en tu corazón y lo confieses con tu boca, lo vas a recibir”.

>Si tú crees y aceptas que Jesús es tu sanador y lo confiesas con tu boca, vas a recibir sanidad.

>Si tú crees y aceptas que Jesús es tu proveedor y lo confiesas con tu boca, vas a recibir la provisión.

El texto dice: Con el corazón se cree, y con la boca se confiesa, éste es el principio. Esto lo debemos adaptarlo a todas las áreas de nuestra vida.

Jesús dijo: “Cualquiera que le dijere (decir es confesar) a este monte quítate y échate al mar y no dudare en su corazón sino que creyere que será hecho lo que dice, lo que diga será hecho” (Marcos 11:23). Según el pasaje, lo que digas y creas, será hecho.

El evangelio de Mateo nos da un ejemplo como la confesión tiene que ver con la fe.

“Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor (kirio = palabra que no debían de salir de la boca de un centurión solo para dirigirse al cesar), mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Jesús le dijo: yo iré y le sanare.

Respondió el centurión y dijo: señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la Palabra, y mi criado sanará. Porque también soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: ve, y va; y al otro: ven, y viene; y a mi siervo: haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús (observe el término oír que tiene que ver con la confesión), se maravilló, y dijo a los que le seguían: de cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe”. (Mateo 8:5.10)

Pregunta: ¿Cómo supo Jesús que el centurión tenía fe?

Respuesta: Por su confesión.

Cuando analizamos el caso de la mujer cananea, tomando en cuenta el evangelio de Mateo y Marcos en forma paralela, podemos percibir, que Jesús se percata de la fe de la mujer por su confesión (Mateo 15:21.28. Marcos 7:24.30) Según estas dos versiones, Jesús le dijo a la mujer: “Por lo que has dicho, grande es tu fe”.

Cuando analizamos el caso de la mujer que tenía el flujo de sangre, tomando en cuenta las culturas, podemos inferir fácilmente que esta mujer tenía una fe impresionante.

Toda persona que era inmunda, y su inmundicia estaba oculta, debía vociferarla con el fin de que nadie se le acercase y evitar tener roces para no “contaminar” con su inmundicia. La persona que no vociferaba su inmundicia era merecedora de la pena capital; en este caso la lapidación.

La inmundicia de esta mujer estaba oculta ya que se trataba de un flujo de sangre. La fe en su confesión estuvo en que sobre todo los riesgos que se dieron, en vez de vociferar su inmundicia, confesaba su sanidad, porque decía: “Si tan siquiera tocase el manto seré sana”.

“cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva”. (Marcos 5:27.28)

Nuestra fe o nuestra incredulidad se determinan por nuestra confesión. Alguien dijo: “Nunca estuve tan derrotado hasta el mismo momento en que confesé mi derrota”.

Proverbios 6:2 dice: “Te has enlazado con las palabras de tu boca, y has quedado preso en lo dicho de tus labios”.

Proverbios 18:20 dice: “Del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre; y será saciado del fruto de sus labios”.

El Apóstol Pablo dijo: “Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos”. (2ª Corintio 4:13)

¿A QUE SE DEBE LA CONFESIÓN NEGATIVA EN EL CREYENTE?

Respuesta: A la poca formación de la Palabra. A través de la confesión, puedes captar hasta donde la Palabra se ha formado o desarrollado en la vida de un creyente.

Jesús dijo: “porque de la abundancia del corazón habla la boca”.

Proverbios 23:7 dice: “Lo que el hombre tiene en el pensamiento, así es en el corazón”.

Según estos dos pasajes, el problema del hombre no está en la lengua, sino en el corazón.

Cuando hablamos de la formación de la Palabra de Dios en el creyente estamos expresando: La necesidad de un cambio de carácter y conducta que corresponda con la condición espiritual interna, a fin de que pueda darse conformidad moral con la Palabra, y que de ello dependan nuestras acciones y nuestras confesiones.

Pablo expresa la necesidad que hay de la formación de la Palabra en el creyente.

“hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros”. (Gálatas 4:19)

El término griego que el Apóstol Pablo utilizó para hacer referencia a la formación es: “Morpho”. Según los valores etimológicos del término, se dice de aquello que se viene desarrollando en el interior de algo o de alguien y que con el tiempo tiene su manifestación.

El deseo del Apóstol, es que la Palabra llegue a ser uno con el creyente, ya que todas sus acciones y sus confesiones están en proporción directa con la formación que haya tenido el alma producto de la iluminación, por la revelación que haya tenido el espíritu renacido de la Palabra de Dios. De modo que de acuerdo a su formación así será su confesión.




ACTUAR:

Para mayor comprensión del tópico, debemos hacer una diferencia, de los términos “Creer y Fe”.

El término “Fe” viene del griego “Pistis”, que gramaticalmente se conoce como un sustantivo. La fe es la fuerza que está en el espíritu renacido, y que lo capacita para aceptar la verdad de Dios sin vacilación alguna.

El término “Creer” viene del griego “Pisteos”, que gramaticalmente es un verbo que indica una acción. En la expresión de algunas personas: “Yo sé que la Biblia es la Verdad de Dios, pero me cuesta creerla”, implícitamente hay fe, que es la capacidad que se tiene para aceptar la Verdad de Dios, lo que le falta es “Creer”, que tiene que ver con la acción. El creer es el “ejecútese” de la fe.

El actuar es uno de los pasos de la fe y es el más determinante, ya que es como el detonador que activa el poder de Dios para que se alcance el objetivo para lo cual se creyó. Nada hacemos con oír, aceptar, confesar y no actuar; es como que si no hubiésemos creído. Daremos ejemplos en lo concerniente a la fe que están registrados en las Escrituras:

La Biblia nos narra que estando Jesús enseñando y sanando en una casa las multitudes venían a Él. Y aglomerándose la gente impedía la entrada a unos hombres que traían a un paralítico en su lecho, y procuraban llevarlo adentro y ponerlo delante de Jesús; pero no hallando como hacerlo decidieron abrir un hueco en el tejado, y por allí bajaron al paralítico. El texto dice que Jesús, “viendo la fe de ellos” sanó al paralítico.

La pregunta es: ¿Cómo pudo Jesús ver la fe de los que traían al paralítico en su lecho si la fe no se puede ver? La respuesta es: Por la acción. Jesús conocía estos principios y se movía en ellos.
En el evangelio de Marcos, vemos a Jesús incluyendo la acción en la fe, lo que indica una creencia.

“Cuando al salir de la sinagoga, fue a la casa de Pedro y encontraron a la suegra de este con fiebre. Jesús le tomó la mano y la levantó; al instante la fiebre la dejó”. (Marcos 1:30.31)

Nótese que Jesús no le dijo a la suegra de Pedro que se quedara durmiendo, sino que la tomó de la mano y la levantó, accionando en fe, que indica una creencia que conlleva una acción.

En el evangelio de Lucas tenemos otro ejemplo relevante:

“Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados”. (Lucas 17:11.15)

Si analizamos el caso en el contexto cultural, Jesús mandó a hacer a estos leprosos todo lo contrario a lo establecido por la Ley bajo un principio de fe, sirviendo la fe como salvoconducto. La Ley establecía, en el caso de que un leproso fuera sanado, debería presentarse al Sumo Sacerdote para testificar su sanidad, y bajo una serie de rituales el Sumo Sacerdote lo declaraba limpio, y de esta forma se le daba carta de convivencia para que volviera a formar parte de la sociedad.

Pero antes de presentarse al Sumo Sacerdote, primero tenía que hacerlo ante los setenta Sacerdotes que formaban parte del Sanedrín, y lo debían hacer en perfecta sanidad, sino eran apedreados en el momento. Jesús conociendo que la fe debe llevar implícita la acción, que indica una creencia, les dio el mandamiento en prueba de fe, para hacer todo lo contrario a lo establecido por la ley.

Los leprosos hicieron lo que Jesús les dijo a todo riesgo, no dependiendo de las circunstancias y los acontecimientos, cuando emprendieron el camino fueron sanados. El resultado se dio porque actuaron conforme a las palabras que oyeron de Jesús, y esto es fe.

Para darle fuerza a lo dicho en cuenta a la acción, contaré una historia de un hecho real que se dio con un prestigioso malabarista en las cataratas del Niágara. Este malabarista colocó una guaya de un extremo al otro cruzando parte de las cataratas. El espectáculo consistía en llegar de un extremo al otro sobre la guaya haciendo malabarismo, acto que realizó con facilidad, ante los aplausos de la multitud vislumbrados por dicha hazaña. En medio de la algarabía, el malabarista preguntó: “¿Cuántos creen que puedo cruzar hacia el otro extremo con una carretilla en la mano?” A lo que el público respondió al unísono: “Lo creemos, lo creemos, lo creemos”. En ese momento, en medio de la muchedumbre, le preguntó a uno que tenía a su lado: “¿Tú lo crees?”, A lo cual el espectador le respondió firmemente: “Lo creó”, y seguidamente el malabarista le hizo una invitación: “Si lo crees, móntate en la carretilla”

Éste es el lamentable caso de muchos, que cuando les toca accionar en lo que han oído, aceptado y confesado, pierden la bendición al no atreverse a hacerlo.

Alegóricamente lo digo: En ocasiones difíciles de la vida, me ha tocado montarme en la carretilla y accionar en fe, y lo he hecho confiadamente, porque la carretilla la lleva Jesús y Él no me va a dejar caer, ni perecer. Él es el autor y consumador de la fe.

MAESTRO: JOSÉ N. BRICEÑO A.

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miércoles, 18 de abril de 2012

¿QUÉ PRODUCE LA FE EN EL CREYENTE?

¿QUÉ PRODUCE LA FE EN EL CREYENTE? 

Lo primero que hay que dejar en claro es que la fe como fruto, como don espiritual o para salvación, en sustancia y naturaleza es la misma, pero en operaciones es diferente. 

Una cosa es tratar la fe como fruto producto del nuevo nacimiento; otra, es verla como manifestación del Espíritu en el don espiritual en un momento determinado; y otra, es verla como aquella que produce la predicación del Evangelio a los incrédulos. A continuación voy a dar información acertada con bases Bíblicas para responder a la interrogante: ¿Qué produce la fe en el creyente?

Muchos han alegado que la fe es producto de la Palabra, tomando como base lo dicho por el Apóstol Pablo en Romanos 10:17.

Si analizamos bien el pasaje tomando en cuenta la ilación del pensamiento, nos podemos dar por enterado que el Apóstol no viene haciendo referencia a la fe del creyente, sino a la fe que produce la predicación del Evangelio a quienes se les predica. Analicemos el texto.

“Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas. Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo); o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos). Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Ésta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! más no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. (Romanos 10:5.17)

En Romanos 10:17 se está tratando la fe que produce el mensaje del Evangelio a los incrédulos para que se conviertan a Jesucristo y puedan así aceptar el don de la salvación.

En cuanto al creyente, la fe es algo natural en Dios, y viene a ser depositada en el creyente a través del nuevo nacimiento por el Espíritu; es decir, la fe es un fruto del Espíritu que viene a depositarse en el creyente como producto del nuevo nacimiento. Así lo describe el Apóstol Pablo en Gálatas.

“…Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza;…”Gálatas 5:22.23.

Según Romanos 12:3 cada creyente ha recibido de Dios una medida de fe, el término griego que se utilizó para hacer referencia a la medida de fe es “Metron pisteo”, que define: el poder o la sustancia que viene de Dios para hacer logros y producir milagros.

Por otra parte, el término “Metro pisteo” que indica una medida de fe, no tiene nada que ver con porcentaje de fe, sino con una capacidad absoluta total y completa que recibe el creyente mediante el nuevo nacimiento por el Espíritu. De modo que todo creyente tiene la fe de Dios absoluta en él, no tiene que pedir fe.

“Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”. (Romanos 12:3)
El caso registrado en Lucas donde los discípulos le piden a Jesús que les aumente la fe, no se ajusta a nuestros tiempos ni a nuestra posición, ellos no habían nacido de nuevo estaban en la dispensación de la ley.

“Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe…”. (Lucas 17:5)

¿QUÉ PAPEL JUEGA LA PALABRA EN EL CREYENTE?

La Palabra viene siendo el fundamento, la plataforma y el complemento de la fe, esto indica que mientras más conozco las promesas, bendiciones, legados o herencias que están registradas en la Palabra, más terreno tengo donde caminar y depositar mi fe. Por lo tanto, puedo tener toda la fe del mundo pero si no conozco la Palabra y lo que ella encierra, como fundamento de la fe, de nada me sirve.

Por esta causa alegamos que la fe no viene por la Palabra; la fe se desarrolla y se manifiesta por la Palabra.

El Apóstol Pablo dijo: “Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: creí…”. (2ª Corintio 4:13)

Debemos dejar en claro que la gente del Antiguo Testamento sí necesitaba una palabra para caminar en fe, a ellos sí le producía la fe la Palabra, no habían nacido de nuevo. Ellos debían escuchar una palabra y en obediencia a ella tenían sus acciones en fe.

LA FE NO LA PRODUCE LA PRUEBA

Según el Apóstol Santiago, la prueba no produce fe, ella viene con el fin de derrumbar la fe que has depositado en la Palabra. Lo que sí produce la prueba es paciencia.

Cada vez que tú determines creerle a Dios, vas a tener oposición de parte de las tinieblas, dicho ataque viene con el fin de detenerte en la fe que has depositado en la Palabra y que de este modo no recibas la bendición o no se alcance el objetivo. Por esta causa, es necesaria la paciencia para mantenernos en fe y alcanzar el objetivo de la fe.

A continuación haremos un estudio etimológico del término “paciencia” del griego, para conocer los valores y las propiedades de la paciencia, y la función que tiene como complemento en la fe.

Hupumone: es el carácter que no sucumbe ante cualquier sufrimiento; es firmeza, solidez, estabilidad. Es la consistencia de la fe.

Hupumone: es el poder sobrenatural que Dios añade a la fe con el fin de que no desmayes en la confianza que has depositado en la Palabra, y al permanecer firme recibas lo prometido. Así lo describen las Escrituras.

“Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas”. (Hebreos 6:11.12)

“No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aún un poquito, Y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Mas el justo vivirá por fe; Y si retrocediere, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma”. (Hebreos 10:35.39)

Alguien dijo que “lo importante no es tener fe, sino ser sólido en ella”.

Jesús dijo: “Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedís todo lo que queráis, y os será hecho”. (Juan 15:7)

Según Santiago, una vez que tú hayas depositado tu fe en la Palabra y te mantengas en ella por el “Hupumone” (paciencia), formas un carácter, te perfeccionas y pasas a ser cabal.

“sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna”. (Santiago 1:3.4)

MAESTRO: JOSE N. BRICEÑO A.

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martes, 10 de abril de 2012

LA PAZ COMO INDICATIVO DE TENER FE

LA PAZ COMO INDICATIVO DE TENER FE.

De la paz, podemos decir que forma parte de la naturaleza del Espíritu (Gálatas 5:22), es propiedad de Dios (Filipenses 4:7), es parte de las propiedades del Espíritu Santo impartidas al hombre como producto del nuevo nacimiento, y que debe desarrollar en su espíritu, formar el alma y manifestarlo en su diario vivir.

El término “paz” viene del griego “Eirene”, y del hebreo “Shalon”, que tienen que ver -desde la perspectiva teológica- con la quietud del alma. 

La paz no es bonanza, la bonanza viene como producto de tener paz (Juan 16:33). La paz es endógena, la bonanza es exógena. Los prerrequisitos de la paz no son libertad de las necesidades, del dolor físico; la paz es un descansar en Dios en medio de las más grandes adversidades. La paz que ofrece el mundo está en total contraste a la paz de Dios. El mundo adquiere su paz producto de la bonanza: si hay bonanza, hay paz. En Dios es todo lo contrario: la paz en Dios produce la bonanza, por esta causa Jesús dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da”. (Juan 14:27). 

La paz de Dios protege al creyente de las dificultades mentales causadas por las ansiedades de la vida. Al tener seguridad de que Dios provee para sus hijos y responde ante las más grandes dificultades de la vida, el creyente aprende a vivir quieta y reposadamente sin conflictos mentales. La paz de Dios se puede entender como una garantía del cuidado de Dios. (Filipenses 4:6.7) 

Pablo fue tan determinante en el lenguaje de la paz que dejó escrito lo indispensable que es ella en la vida del creyente. Él dijo: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. (Filipenses 4:7)

Simplificando el pasaje lo que Pablo quiso expresar fue: “La paz de Dios es tan determinante que nos hace vivir confiado en medio de las malas circunstancias aunque no entendamos nada”. 

Jesús dijo que lo único que nos libraría de la turbación interna y de los temores es la paz de Dios en nosotros. “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”. (Juan 14:27)

La paz es producto de la fe y la confianza que depositamos en una Palabra que recibimos de Dios. Esto fue vivencia en la vida de Jesús, quien en medio de una gran tempestad -mientras sus discípulos se turbaban y llenaban de temor- dormía y descansaba en la popa de la barca. Él confiaba en las palabras que les había dicho: “Pasemos al otro lado”. (Mateos 8:24. Marcos 4:37. Lucas 8:23)

La paz es un descansar en Dios, es reposar en Él; la paz es la quietud del alma que viene como producto de la fe que depositaste en una Palabra que Dios te dio. La intervención de Dios en medio de la tempestad vendrá una vez que hayas tenido paz por causa de la fe que depositaste en su Palabra. En Dios, si no hay fe no hay paz, y donde no hay paz no hay bonanza. 

La paz viene como resultado de conocer el amor de Dios a favor nuestro, esto lo describe el apóstol Juan en sus cartas.

“En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor”. (1ª Juan 4:18)

El término “perfección” relacionado al amor, que aparece en el pasaje, da la idea de no conocer lo que Dios es capaz de hacer a nuestro favor por causa del amor que siente por nosotros. Debemos conocer que Dios por causa de su amor y por el objeto de su amor -que somos nosotros-, estuvo dispuesto a abandonar su gloria y humillarse en la persona del Verbo. Si esto lo hizo antes de ser sus hijos, ¡cuanto más ahora siendo sus hijos! 

¿QUÉ PRODUCE TEMOR EN EL CREYENTE Y NO LO DEJA VIVIR EN PAZ?

Se ha demostrado psicológicamente que lo que produce el temor en una persona es la falta de confianza y seguridad que se tenga en uno mismo o en quie nos estemos apoyando (puede ser en algo o en alguien).

En cuanto al creyente: 

Cuando un creyente tiene temor de algo o alguien es porque no tiene confianza y seguridad en él mismo y en lo que se está apoyando, en este caso, en Dios y en su Palabra. 

Según la Palabra de Dios, cuando un creyente deposita toda su confianza en Él y se siente seguro de lo que él es en Dios, no hay lugar para el temor y reina la paz.

> Isaías 23:4: “No temas porque yo estoy contigo, no desmayes porque yo soy tu Dios que te esfuerzo, siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” 

>Isaías 26:3: “Tú guardarás en completa paz aquel cuyo pensamiento en ti perseveran porque en ti ha confiado”.

>Salmo 23:4: “Aunque ande en valle de sombra de muerte no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”. 

>Salmo 27:1: “Jehová es mi luz y mi salvación ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida ¿de quién me he de atemorizar?”.

>Salmo 112:7: “El justo no tiene temor de malas noticias porque su corazón está firme confiado en Jehová”.

>Hebreos 13:6: “De manera que podemos decir confiadamente el Señor es mi ayudador; no temeré lo que pueda hacer el hombre”.

>1ª Pedro 5:7: “Echando toda nuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros”.

¿Cuál es la causa por la cual el creyente no confía ni se siente seguro de Dios y de su Palabra? 

Respuesta: Porque no conoce la integridad que hay en Dios y en su Palabra.

Nunca podemos estar confiados y sentirnos seguros en aquello en lo cual no hemos visto integridad; por lógica, nunca podremos tener confianza y seguridad en Dios y en su Palabra mientras no conozcamos su integridad. 

E.W. Kenyon dice que “la base y el fundamento de la fe es la integridad de Dios y de su Palabra”.

En Lucas 8:22-25 tenemos un ejemplo de la referencia que venimos haciendo: 

Jesús dijo a sus discípulos: “Pasemos al otro lado del lago”… Lucas dice que: “Mientras navegaban. Él se durmió y se desencadenó una tempestad y se anegaban y peligraban. Y vinieron a Él y le despertaron, diciendo: ‘Maestro, Maestro, levántate que perecemos’; despertando Jesús reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza: Jesús les dijo: ‘¿Dónde está vuestra fe?”. 

Note la pregunta y la observación que Él hace a sus discípulos. ¿Tenía una razón para dicha observación? Sí la tenía, Jesús les había dado una palabra al momento en que se embarcaron. Él les dijo: “Pasemos al otro lado del lago”. Estas palabras son suficientes para no temer a ninguna circunstancia. Si Él dijo: “pasemos al otro lado”, pase lo que pase, venga lo que venga, indiscutiblemente vamos a pasar al otro lado porque Él lo dijo y Él no miente. 

El problema estuvo en la falta de confianza y de seguridad que los discípulos tuvieron en las palabras de Jesús. Y éste es uno de los graves problemas en los que el creyente está sumergido, en la falta de confianza y seguridad que tienen en la Palabra, por no conocer la integridad de Dios. 


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AGRADECIMIENTO


Saludos y respeto. Me dirijo a todos aquellos que entendieron el llamado de contribuir para cubrir las demandas del Reino en el propósito y visión que recibí de Dios, de Venezuela se añadieron un numero de hermanos que desde las distancias se consideran mis discípulos y son agradecidos de Dios y entendieron el objetivo de mi reflexión que lo hice con el mismo espíritu el cual lo hiciera el Apóstol Pablo, exhortando a los hermanos a contribuir con sus bienes para cubrir con las demandas del Reino y aumentar fruto para nuestra cuenta, gracias a los que contribuyeron con sus ofrendas aun desde lo internacional de donde menos esperaba recibí, gracias a los hermanos de filadelfia por tan generosa ofrenda, Dios les recompensara en grande. Gracias a los hermanos de otras naciones de latino América que contribuyeron con sus ofrendas para tan generosa causa como es la proclamación de la palabra de Dios. Les asegura que el dinero que se ha recibido de ustedes será invertido en sus demandas, y no escatimare esfuerzo para colocar ese dinero en todo lo relacionado a Dios, no desviare los fondos ni le daré mal uso, y gracias a todos los que se añadirán en un futuro a contribuir con dicha causa.
Gracias al liderazgo de México en la ciudad de Hermosillo, Mexicales en baja california y Monterey por abrirles las puertas a las aperturas de las escuelas, sé que Dios los premiara en grande. Gracias al Ministerio Renuevo de México y su director el pastor Fernando Falcón y su señora esposa Laura de Falcón por contribuir con su esfuerzo y su dinero para que la escuela de teología tenga una extensión en México mil gracias a todos. Bendiciones, bendiciones, bendiciones.

domingo, 1 de abril de 2012

EL COSTO Y PRECIO DE NUESTRA REGENERACIÓN

EL COSTO Y PRECIO DE NUESTRA REGENERACIÓN.

Todos los sufrimientos de Cristo fueron el resultado del hecho de haber tomado el lugar de los pecadores en forma vicaria.

Nadie pudo sentir lo penetrante del dolor, la pena y el mal moral como lo sintió Jesús. Generalmente, lo que más se conoce es que Dios hizo caer sobre Jesús nuestras iniquidades y nuestras enfermedades (como un diluvio); sin embargo, debemos conocer otras aflicciones en la vida de Jesús, tales como el Getsemaní, la tortura romana, el Gólgota; que formaron parte de su sacrificio redentor.

Vamos a comenzar a narrar los padecimientos de Jesús paso a paso para que podamos crear conciencia con respecto al costo que tuvo nuestra Salvación. Comencemos con el Getsemaní.

Getsemaní: 

Era una pequeña propiedad cercada, un huerto entre árboles y frutales y varios arbustos, se encontraba al pie del monte de los Olivos. Este término etimológicamente significa: “prensa de aceite”.

En el Getsemaní, Jesús comenzó a sentir una agonía psíquica hasta el punto que exclamó: “Mi alma está triste hasta la muerte”.

“Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera, entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte;…” (Mateo.26:36.38).

Según el texto original, lo que realmente Jesús expresó fue: “Tengo una tristeza que me está causando la muerte”.

En cuanto a su agonía, podemos resaltar lo siguiente.

“Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní,… y comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera,…” 
(Mateo 26:36.38).

“Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (Lucas 22:44). 

El término agonía del griego es: “Agonía” que indica: Una extrema tensión emocional y tiene que ver con el área síquica que radica en el alma.

Según el relato de Hebreos 5:7, Cristo lloró y gimió con gran clamor y súplica. 

Algunos historiadores alegan que Cristo oró en la forma más humillante como lo hacía todo judío; se postraba sobre sus pectorales y su rostro en tierra hasta transpirar el polvo.

Era tanta la agonía por la que Jesús pasaba, que su oración fue: “Si es posible pasa de mí esta copa”.

Cuando en realidad lo que Jesús dijo según lo escrito en el original fue: “Si hay otra forma de redimir al hombre, vamos a buscarla, porque lo que viene es duro”.

Tanto fue el sufrimiento producido por esta agonía que la Biblia describe su sudor “como grandes gotas de sangre”.

Cabe resaltar y tomar en cuenta que el término utilizado para “gotas de sangre”, es “Thromboi – haimatos”, lo que indica una sangre espesa coagulada.

La historia médica registra algunos casos donde la intensa agonía psíquica se ha visto acompañada de la transpiración de sangre producto de la ruptura de vasos sanguíneos como consecuencia de la presión sanguínea por una subida de tensión.

El comentarista bíblico Matthew Henry destaca que Lucas se refiere al sudor de sangre, después de la llegada del ángel para confortar a Jesús. Lo que nos permite ver que este sudor fue efecto de una reacción tremenda, por la que la sangre, que se había retirado al corazón, como ocurre en todos los casos de pavor, al agudizarse el clímax de la agonía con la compensación de las palabras del ángel, se vino un tremendo rebote hacia la periferia, haciendo saltar las plaquetas y colándose finalmente a través de la epidermis, y producir la sudoración de sangre, conocido en la medicina como: “hemohidrosis o hematridosis”.

Para mayor credibilidad, debo resaltar que Lucas, quien hace registro de este acontecimiento y de los sufrimientos de Jesús, fue un medico reconocido como uno de los mejores en época, dato que en el estudio de la Cristología no se debe pasar por alto. 

Después de pasar por la agonía en el Getsemaní, Jesús pasó por el juicio de los hombres. Trasnochado, con hambre, cansado, lo llevan ante el Sumo Sacerdote, posteriormente es llevado ante Pilatos, éste lo remite a Herodes, después es devuelto a Pilatos, luego es presentado ante el pueblo, donde se toma la decisión de soltar a Barrabás y crucificarlo; después de haberlo sometido a una caminata de cuatro kilómetros aproximadamente de una parte a otra, es sometido al acto de flagelación.

La flagelación:

Según la Ley, antes de toda crucifixión era obligatorio flagelar al reo. Solamente se exceptuaban de esta práctica a las mujeres, a los senadores y a los soldados romanos.

El instrumento de flagelación era un látigo corto llamado “Flagrum” o “Flagelum”, con varios apéndices o correas de cuero de distintas extensiones a los que se les amarraban en el final, pequeñas bolas de hierro y/o hueso de oveja intercalados.

La víctima era despojada de su ropa, sus manos eran atadas hacia arriba a un poste; espalda, glúteos, muslos y piernas eran flagelados por dos soldados, que colocados a ambos lados de la persona se alternaban en los azotes.

Debemos tomar en cuenta que quienes flagelaron a Jesús eran verdugos, hombres especializados en la materia, con una mente cauterizada, sin estado de conciencia; ellos tiraban el látigo hasta partir el alma de una forma indolente.

El daño infligido por los azotes dependía de donde se colocaran los verdugos. El propósito de las flagelaciones no era causar la muerte, sino torturar para que muriera a largo plazo en la cruz; por esta causa, el verdugo debía tener cuidado de aplicar el castigo en las zonas del cuerpo más propicias para las flagelaciones.

No debían dirigirse a la cabeza, estómago, ni hígado (esto es en el costado derecho), como tampoco a los testículos. Esto indica que las flagelaciones dadas a Jesús, cayeron sobre un mismo lado de sus espaldas y glúteos. Además, los pedazos de metal o huesos que estaban a los extremos, al caer sobre la humanidad de Jesús, producían profundas contusiones y heridas hasta rasgar la carne.

Tomando en cuenta que a Jesús no lo flagelaron los judíos sino los romanos, podemos deducir que no le dieron cuarenta latigazos, sino ciento veinte, esto es, tres veces cuarenta.

La corona de espina:

Agregado a esto, le colocaron una corona de espinas sobre la cabeza, una de las partes más sensibles del ser humano. La corona que colocaron sobre Jesús, no era en forma de circunferencia, sino que era especie como de casco, lo deducimos porque la Biblia dice que al golpear sobre la corona con una vara hundían más las espinas, cosa que no es posible si la corona hubiese sido circunferencia. Para complementar la tortura, las espinas tenían la propiedad de succionar la carne, se adherían al cuero cabelludo produciendo un intenso dolor de cabeza, conocido en la medicina como “migraña aguda”.

Desde el sentido espiritual, la corona colocada sobre Jesús encierra unas verdades que pocos la han captado. Todo por lo que el redentor pasó tiene un significado y cumplimiento profético y la corona no escapa a esta verdad.

Cuando el hombre desobedeció en el Huerto del Edén, dice la Biblia que: Dios hizo brotar cardos y espinas de la tierra en señal de maldición. Según esta verdad, al colocar la corona de espina sobre la cabeza de Jesús, lo estaban coronando de maldición para que nosotros llevásemos la corona de bendición.

Las Escrituras demuestran que la espina es símbolo o tipo de maldición.

“…; maldita será la tierra por tu causa;… Espinos y cardos te producirá,…” (Génesis 3:17.18).

“Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida,…” (Hebreos 6:7.8). 

Camino al Gólgota:

La severidad de la flagelación con su intenso dolor y la gran pérdida de sangre, debió dejar a Jesús en un estado de pre-shock. El abuso mental y físico cometido con Jesús por parte de judíos y romanos, así como la falta de alimento, de agua y cargado de sueño, contribuyeron a debilitar físicamente a Jesús; por lo tanto desde el punto de vista médico, sus condiciones físicas antes de la crucifixión, debieron ser extremadamente críticas y comprometidas.

La crucifixión:

La crucifixión era el peor de los sufrimientos y la peor tortura que podía padecer un hombre; era reservado para los esclavos, extranjeros, revolucionarios y criminales más viles. En este caso Jesús fue contado entre uno de ellos.

La costumbre en los tiempos de Jesús era que el condenado a la pena capital bajo la crucifixión, debía cargar su propia cruz desde el sitio de la flagelación hasta el de la crucifixión fuera de los muros de la ciudad. Jesús entonces caminó medio kilómetro, aproximadamente. 

Debemos aclarar que Jesús no cargó una cruz como lo expresa el texto sagrado, la traducción bíblica dice cruz pero el término que aparece del griego es “Estaurom”, lo cual indica un madero. El Estaurom era clavado en forma horizontal sobre un madero que estaba en forma vertical en el Gólgota, cuyo nombre era el “Patibulum”; clavando el Estaurom sobre el Patibulum se formaba una cruz.

El madero o estaurom que Jesús cargó tenía un peso aproximado de 140 kilos. Al llegar al sitio de la crucifixión el reo era colocado sobre el madero (Estaurom), tendido en el suelo. Las manos podían ser amarradas o clavadas; en el caso de Jesús fueron clavadas.

Según algunas investigaciones, los clavos eran generalmente colocados con mayor preferencia en las muñecas y no en las palmas de las manos, porque a causa del peso corporal, las manos se rasgaban y el cuerpo no se mantenía en la cruz.

De acuerdo con todas las pruebas científicas, los clavos de hierro eran introducidos entre los huesos llamados carpo y radio, o entre el espacio de los huesos carpo y sus ligamentos muchas veces sin quebrar los huesos, produciendo intenso dolor al atravesar los músculos, ligamentos y el nervio mediano, lo que produce parálisis de una porción de la mano, disminución de la circulación de la sangre, isquemia, contracciones dolorosas y calambres.

Debemos tomar en cuenta que los clavos eran cuadrados con la punta roma y medían aproximadamente de ocho a trece centímetros de largo por un centímetro de diámetro. Para clavar los pies, se hacía sobre el apoyo usado para esto, atravesándolos con un clavo de hierro que pasaba entre el primer y segundo espacio metatarsiano, en el lugar justo de la unión del metatarso. Esto producía la perforación del nervio pedio (rama del tibial anterior), y las ramificaciones profundas del tibial posterior (el plantar interno y el plantar externo), los cuales podrían haber sido dañados también por el clavo, produciendo intenso dolor y dificultad al tratar de apoyarse.


Aunado a esto, para fijar la espalda del crucificado al madero se dislocaban las coyunturas que están a la altura del brazo con el omoplato, produciendo separación de las extremidades con intensos dolores; esto lo hacían fijando una de las manos al madero con un clavo, y del otro extremo con una cuerda se ataba la otra mano por la muñeca haciendo presión en sentido contrario, halando hasta causar la dislocación. 

Su respiración:

El peor efecto pato-fisiológico de la crucifixión iba más allá, era la marcada interferencia con la respiración normal, especialmente en la exhalación (cuando se expulsa el aire). El peso del cuerpo tendiendo hacia abajo, hace que se estrechen o se contraigan los músculos intercostales presentándose dolores, calambres musculares, fatiga y dificultad para respirar.

Para evitar o amortiguar un poco el dolor, el reo tomaba la determinación de apoyarse sobre sus piernas y suspender el cuerpo, mantenerlo suspendido hasta que se produjera la inhalación y la exhalación. En el caso de Jesús tuvo que hacer el mismo ejercicio por seis horas para evitar el intenso dolor... ¡Él no era la excepción!

Causa de su muerte:

Varias fueron las causas de su muerte. Las más probables eran el shock hipovolémico (falta de sangre), asfixias, la deshidratación, arritmias inducidas por el stress, congestionamiento del corazón con líquido en el pericardio y en la pleura; a esto se añaden fallas cardiorrespiratorias.

Sin embargo, lo importante del caso no es determinar con precisión patológica la causa de la muerte de Jesús, sino las condiciones en las cuales murió, por quién murió y cuál fue el costo de su muerte.

El juicio de Dios sobre Jesús

Después de haber pasado por el juicio de los hombres y el maltrato físico por las trompadas, las flagelaciones y la corona de espinas, causando hinchazones y hematomas, desfigurando su rostro, demacrando su parecer hasta el punto que causaba terror a la gente cuando iban a verlo en la cruz (los que lo veían, apartaban el rostro a causa del asombro por su parecer desfigurado); Dios lo abandonó totalmente en la cruz, el cielo se oscureció como señal del repudio de Dios al ver a Su Hijo en la condición que estaba por haber puesto sobre Él la maldición que incluye la muerte, la enfermedad, la miseria; producto del pecado que cayó sobre Él.

Luego desciende a los infiernos tres días y tres noches a ocupar nuestro lugar, de donde Dios lo levantó.


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