jueves, 28 de marzo de 2013

LOS PADECIMIENTOS DE JESÚS - LA PASIÓN DE CRISTO

LOS PADECIMIENTOS DE JESÚS - LA PASIÓN DE CRISTO.

Vamos a dar inicio a la narración de los padecimientos de Jesús, paso a paso, comenzando desde su estadía en el Getsemaní, para que tengamos una clara percepción del costo que tuvo nuestra salvación.

Getsemaní: Era una pequeña propiedad cercada por un huerto, entre árboles frutales y varios arbustos, que se encontraba al pie del monte de los Olivos. El término “Getsemaní” en sí, significa “prensa de aceite”, y aplicándolo a la vida de Jesús en Getsemani, fue por lo que Él pasó, su alma fue totalmente procesada, desmenuzada, para que tuviera lugar la obediencia.

En Getsemani, Jesús no sólo fue tentado por el diablo, también fue probado y confrontado por Dios. En la carta a los Hebreos nos refleja este cuadro que fue difícil para Jesús.

“Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruego y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia.” Hebreos 5:7.8.

En el caso de la tentación satánica yo resisto al diablo en fe confiando en la Palabra de Dios y él huirá de mí; pero ¿cómo resistimos a Dios? ¿Cómo confrontar y vencer al que todo lo puede? La oración de Jesús en el Getsemaní, consistío de dos partes:

“Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”

El ”…pasa de mí esta copa”, registra el deseo de Jesús, el cual no fue escuchado por el Padre, el “…pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”, registra el total quebrantamiento, y el acceso de la voluntad de Jesús en obediencia al Padre.

Esta segunda etapa es la que registra el escritor de los Hebreos cuando escribe: “... fue oído a causa de su temor reverente.” Esto fue lo que Dios escuchó de Jesús, y tomó en cuenta en la oración, porque estaba en sus designios. Lucas 22:42. Hebreos 5:7.8.

Ser confrontado por Dios no es cosa fácil. Él, en su mayoría, te va a pedir que hagas lo que no quieres hacer, y que dejes de hacer lo que te gusta hacer. El encuentro con Dios y su voluntad produce grandes conflictos en el alma, que nos llevan a intensas agonías, teniendo luchas internas que sólo nosotros podremos librar.

En lo personal, he aprendido que cuando soy confrontado por Dios, siempre tomo la mejor decisión, ceder mi voluntad a la suya. Por mucho que me duela desprenderme de las cosas, entiendo que nada en este mundo tiene tanto valor como el hacer la voluntad de Dios.

El Getsemani era un lugar donde Jesús frecuentaba para orar (Lucas 21:37. Juan 18:2). En la mayoría de los casos, Él lo hacía solo, dejaba a sus discípulos al pie del monte de los Olivos y entraba al huerto de Getsemaní a orar.

El día que Jesús fue entregado y tomado en manos del Sanedrín, fue tan decisivo que Él no subió solo al huerto, sino que tomó a tres de sus discípulos para que estuviesen cerca de Él, e intercedieran con Él.

Cuando Jesús expresa: “¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?” (Mateo 26:40), señala la necesidad que tenía de una intercesión a causa de su agonía; Él se sentía solo, quizás un poco confundido totalmente turbado y angustiado, por todo lo que le sobrevenía. Comenzó a sentir una agonía psíquica hasta el punto que exclamó: “Tengo una tristeza que me está causando la muerte.” Así lo expresa el texto original. El término agonía del griego es “Agonia”, que indica una extrema tensión emocional y angustia. Lucas 22:44.

Según algunos historiadores, Cristo oró en la forma más humillante, como lo hacía todo judío, se postraba sobre sus pectorales y su rostro en tierra, tanto fue el sufrimiento producido por esta agonía, que la Biblia describe su sudor “Como grandes gotas de sangre”.

Cabe resaltar y tomar en cuenta, que el término utilizado para “gotas de sangre”, es thromboi-haimatos, que indica una sangre espesa, coagulada. La historia médica registra algunos casos, en los que la intensa agonía mental se ha visto acompañada de la transpiración de sangre, producida por la ruptura de vasos sanguíneos como consecuencia de la presión sanguínea por una subida de tensión.
Esta sudoración de sangre, es efecto de una reacción por la sangre que se retira del corazón en casos de extremo pavor; al agudizarse el clímax de la agonía por el conflicto mental, la sangre se viene en tremendo rebote hacia la periferia, haciendo saltar las plaquetas y colándose, finalmente, a través de la epidermis, para producir así la sudoración de sangre, conocida en términos médicos como “Hemohidrosis” o “Hematridosis”.

Sin lugar a dudas, esto, clínicamente, pasó en la vida de Jesús, hasta el punto que sólo Lucas registra tal acontecimiento como médico (Lucas 22:44). Era tanta la agonía por la que Jesús pasó, que en medio de ella Dios tuvo que enviar a un ángel para confortarle. El término confortar indica: Darle ánimo a alguien que está a punto de claudicar en una misión que se le ha encomendado. Confortar indica dar asistencia para recobrar fuerzas.

Así podemos deducir que la aflicción y la agonía de Jesús eran tan intensas, que si Dios no envía al ángel para confortarle es posible que Jesús no hubiese podido superar la prueba.

La soledad es uno de los más grandes enemigos para alcanzar el éxito, Jesús en el Getsemaní no pudo ser asistido por el Espíritu Santo, no tuvo apoyo de la deidad ni siquiera sus discípulos intercedieron por Él, estaba solo en total abandono. Dios en ese momento fue el enemigo de su voluntad al ser confrontado por Él. Jesús sabía que la mejor opción era ceder su voluntad a la del Padre. Sólo así fue librada su alma.

La traición.

Judas fue uno de los discípulos que estuvieron con Jesús, fue en quien más confiaba, hasta el punto que se le entregó la responsabilidad del tesoro (Juan 12:4-6) lo llamó amigo término que en griego indica camarada, y tiene que ver con sociedad, con intimar, entrega, confianza, bondad, uno que comparte tus cosas incluyendo tu recámara. Mateo 26:50.

La traición, cuando viene de un ser querido duele mucho más porque es un acto inesperado; sólo los que han pasado por la traición pueden entender lo duro que fue esto para Jesús (Salmo 41:9) y cómo esto se aunó a sus aflicciones.

El juicio de los hombres

Después de pasar por el Getsemaní y la traición de uno de sus discípulos, fue sometido al juicio de los hombres, al momento de la aprehensión, fue llevado ante el Sumo Sacerdote, sufriendo el escarnio y la burla de los hombres; fue golpeado en el rostro, sometiéndolo a ciertos interrogatorios en forma despectiva. Es de señalar que esto fue durante toda la noche. Al día siguiente en la mañana, fue llevado ante Pilatos quien lo interrogó para luego remitirlo a Herodes, quien también lo interrogó haciendo burla de él y más tarde lo regresa a Pilatos, sometiéndolo a una caminata que agravó su estado físico por el excesivo agotamiento trasnochado, con sueño, con hambre, con sed. Pilatos lo toma y lo presenta al pueblo después de mandarlo a azotar, posteriormente se decide liberar a Barrabás y crucificar a Jesús. Mateo 26:57.68. Marcos 14:53.65. Lucas 23:1.12.

La práctica de la flagelación.

Según la ley, ante de toda crucifixión era obligatorio flagelar al reo, solamente se exceptuaban de estas prácticas a las mujeres, a los senadores y a los soldados romanos. El instrumento de flagelación era un látigo corto llamado “Flagrum” o “Flagelum”, con varios apéndices o correas de cuero de distintas extensiones, a los que se amarraba al final de cada uno, pequeñas bolas de hierro y/o huesos de oveja en forma intercalada.

La víctima era despojada de su ropa, sus manos eran atadas hacia arriba en un poste. Espaldas, glúteos, muslos y piernas eran flagelados por dos soldados, que colocados a ambos lados de la persona se alternaban los azotes. Debemos tomar en cuenta que quienes flagelaron a Jesús eran verdugos hombres especializados en la materia con una mente cauterizada sin estado de conciencia. Ellos tiraban el látigo hasta partir el alma de una forma indolente, el daño infligido por los azotes dependía de dónde se colocaran los verdugos.

La intención de las flagelaciones no era causar la muerte sino torturarlo para que muriera a largo plazo en la cruz, por esta causa, el verdugo debía tener buen cuidado de no aplicar el castigo en las zonas más vulnerables del cuerpo para lograr su propósito. No debía dirigirse a la cabeza, estómago, ni hígado (en el costado derecho), como tampoco a los testículos ni a los riñones. Esto indica que las flagelaciones dadas a Jesús, cayeron sobre un mismo lado de su espalda y glúteos; además, los pedazos de metal o huesos que estaban en los extremos del látigo, produjeron profundas contusiones y heridas hasta rasgar la carne al caer sobre la humanidad de Jesús.

Tomando en cuenta que a Jesús no lo flagelaron los judíos, sino los romanos, podemos deducir que no le dieron cuarenta (40) latigazos, sino ciento veinte (120), esto es, cuarenta por tres (40x3) agregado a esto, le colocaron una corona de espinas en una de las partes más sensibles del ser humano sobre la cabeza.

Las espinas tenían la propiedad de succionar la carne; además, golpeaban con una vara sobre la corona, hundiendo aún más las espinas, produciendo un intenso dolor de cabeza conocido como migraña aguda.

No conformes con esto, según lo registra Isaías 53:2, Jesús fue golpeado en el rostro por los soldados, hasta el punto de quedar completamente desfigurado, perdiendo su hermosura y su parecer. Isaías relata que todos los que iban a la cruz, escondían de Él su rostro, tal era el asombro y el espanto que les producía. (Isaías 53:3.) Era tanta la desfiguración ocasionada al rostro de Jesús, que camino al Gólgota, había mujeres que lloraban por Él, haciendo grandes lamentos (Lucas 23:27) y el lamento era producto del asombro que les causaba el cuadro macabro en el que Jesús se encontraba.

Camino al Gólgota.

La severidad de la flagelación a que fue sometido con su intenso dolor y la gran pérdida de sangre, debió dejar a Jesús en un estado de pre-shok, el abuso mental y físico cometido con Él, por parte de judíos y romanos, así como la falta de alimento, de agua cargado de sueño, contribuyeron a debilitarlo físicamente, por lo tanto, desde el punto de vista médico, sus condiciones físicas antes de la crucifixión debieron ser extremadamente críticas y comprometedoras.

La costumbre en los tiempos de Jesús, era que el condenado a la pena capital relativo a la crucifixión, debía cargar su propia cruz, desde el sitio de la flagelación hasta el de la ejecución, fuera de los muros de la ciudad. Esto indica que Jesús caminó aproximadamente medio kilómetro (1/2 Km.) con el madero a cuestas, cuyo peso era de 70 kilos. Según los registros de Juan Jesús cargó la cruz por completo, Simón de Sirene, sólo le ayudó cargando la cruz por un extremo, en la parte de atrás. Lucas 23:26. Juan 19:17.

La crucifixión

La crucifixión era el peor de los sufrimientos que pudiera padecer un hombre, y era reservada a los esclavos, extranjeros, revolucionarios y criminales más viles; en este caso, Jesús fue contado como uno de ellos.

No debemos olvidar que Jesús no cargó una cruz como tal. La traducción Bíblica dice cruz, pero el término que aparece del griego es “Estaurom”, lo cual indica madero. El estaurom era clavado en forma horizontal sobre uno que estaba en forma vertical en el Gólgota cuyo nombre era “Patibulum”; clavando el estaurom sobre el patibulum, se formaba la cruz.

Al llegar al sitio de la crucifixión, el reo era colocado sobre el madero (estaurom), tendido en el suelo; las manos podían ser amarradas o clavadas. En el caso de Jesús, fueron clavadas. Según algunas investigaciones, en el aspecto físico, los clavos eran generalmente colocados con mayor frecuencia en las muñecas y no en las palmas de las manos, debido a que el peso corporal rasgaba las manos y el cuerpo no se mantenía en la cruz.

Los clavos de hierro eran introducidos entre los huesos llamados carpo y radio o entre el espacio de los huesos carpo y sus ligamentos, muchas veces sin quebrar los huesos (este fue el caso de Jesús), pero produciendo un intenso dolor al atravesar los músculos, ligamentos y nervio mediano, lo que produce parálisis de una porción de la mano, disminución de la circulación sanguínea (isquemia) contracciones, dolorosos y calambres.

Hay que tomar en cuenta, que los clavos eran cuadrados, con la punta roma, con una longitud aproximada de 8 a 13 cm y 1 cm de diámetro. Para clavar los pies, se hacía el apoyo usado para esto, atravesándolos con un clavo de hierro que pasaba entre el primer y segundo espacio metatarsiano, en el lugar justo de la unión del metatarso. Esto, indudablemente, producía la perforación del nervio pedio (rama del tibial anterior), y las ramificaciones profundas del tibial posterior (el plantar interno y el plantar externo), los cuales eran dañados también por el clavo, produciendo intenso dolor y dificultad al tratar de apoyarse.

Aunado a esto, para fijar la espalda del crucificado al madero se dislocaba las coyunturas que están a la altura del brazo con el omóplato produciendo separación de las extremidades causando intensos dolores, esto lo hacían fijando una de las manos al madero con un clavo, y del otro extremo con una cuerda se ataba la otra mano por la muñeca haciendo presión en sentido contrario halando hasta causar la dislocación.

Su respiración

El peor efecto fisio-patológico de la crucifixión iba más allá; era la marcada interferencia con la respiración normal, especialmente en la exhalación (expulsión del aire contenido en los pulmones). El peso del cuerpo tendiendo hacia abajo, hace que se estrechen o se contraigan los músculos intercostales presentando dolores, calambres musculares, fatiga y dificultad al respirar. Para evitar o amortiguar un poco el dolor, el reo tomaba la determinación de apoyarse sobre sus piernas para mantener el cuerpo suspendido hasta que se produjera la inhalación (toma de aire) y la exhalación (expulsión del aire). En el caso de Jesús, tuvo que hacer lo mismo durante seis (6) horas para evitar el intenso dolor, Él no era la excepción.

Causa de su muerte

Varias fueron las causas de su muerte. Las más probables fueron: el shok hipobolémico (falta de sangre), la asfixia, la deshidratación, las arritmias inducidas por el stress; congestionamiento del corazón con líquido en el pericardio y en la pleura; a esto debemos añadir las fallas cardio-respiratorias. Sin embargo, lo importante del caso no es determinar con precisión patológica la causa de la muerte de Jesús, sino las condiciones en las cuales murió, por quién murió, y cuál fue el costo de su muerte.

EL JUICIO DE DIOS SOBRE JESÚS

Después que Jesús pasó por el juicio de los hombres, fue sometido al Juicio de Dios. Los Salmos 22 y 88 considerados en la teología como Mesiánicos, registran dicho acontecimiento. En estos salmos aparecen términos que al hacer crítica de cada uno de ellos, denotan lo serio y lo intenso que fue dicho Juicio. A continuación describo los pasajes.

>“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?, ¿por qué estás tan lejos de mi salvación y de las palabras de mi clamor?”. Salmo 22:1.

>“... y me has puesto en el polvo de la muerte”. Salmo 22:15.

>“Soy contado entre los que descienden al sepulcro”. Salmo 88:4.

>“Abandonado entre los muertos, como los pasados a espada que yacen en el sepulcro”. Salmo 88:5.

>“Sobre mí reposa tu ira y me has afligido con todas tus hondas”. Saldo 88:7.

>“¿Por qué, oh Jehová, desechas mi alma? ¿Por qué escondes de mí Tu rostro?”. Salmo 88:14.

Todas estas expresiones registradas en los salmos citados considerados como Mesiánicos, dan pie para afirmar el peso que cayó sobre Jesús a causa del Juicio de Dios.

El Evangelio de Lucas registra, que Jesús antes de morir exclama desde lo más profundo de su alma, una expresión que denota el abandono que Jesús hace de sí hacia el Padre, aceptando por completo el Juicio de Dios sobre Él; “Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu.”Lucas 23:46.

El Juicio de Dios sobre Jesús comenzó con la imputación del estado de pecado, amputando de Jesús el estado de justicia.

En la segunda carta que el Apóstol Pablo escribe a los Corintios dice: “Al que no conoció pecado por nosotros lo hizo pecado,...” 2ª Corintios 5:21.

El término “Lo hizo pecado”, es un sustantivo, no un verbo que indica una acción; por consiguiente, el pecado que entró en Jesús no lo hizo pecador lo hizo el pecado de la humanidad, por lo tanto, Dios no juzgó en la cruz a un pecador Dios juzgó a un hombre cargado de pecado. 2ª Corintios 5:21.

Dios no trató a Jesús como a un pecador, sino como al pecado mismo, y por causa de esto pasó a ser maldición.

“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición...”Gálatas 3:13.

Todo el estado de pecado y el estado de maldición cayó sobre Jesús.

Isaías 53:6, dice: “...; mas Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros.” Jesús en la cruz pasó a ser el germen del pecado, la raíz misma de el.

Jesús en la cruz no se llevó los pecados de la humanidad, sino el pecado de la humanidad; es decir, Jesús no se llevó las obras de pecado sino el estado de pecado que mantenía al hombre condenado; por causa de esto Jesús entró en el Juicio de Dios y fue hallado culpable.

Dios mismo lo condenó por haber puesto el pecado sobre Él, y como resultado vino sobre Jesús la muerte tanto la espiritual como la física. Isaías 53:1.12.

LAS MUERTES SOBRE JESÚS

En Génesis 2:17, Dios le dice al hombre: “Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de el comieres (muriendo morirás), ciertamente morirás.”

Nuestras versiones dicen: “El día que de él comieras, ciertamente morirás”; mientras que el texto original dice: “El día que de él comieras, muriendo morirás.”

Es decir, muriendo espiritualmente morirás físicamente. Nunca la muerte física se hubiera apoderado de Adán si primero no se produce en él la muerte espiritual. Este es un principio que se tuvo que dar en Jesús como el postrer Adán. En Jesús se produjo la muerte espiritual para que posteriormente se diera la física. No estamos afirmando que el Espíritu de Jesús murió, lo que alegamos es que Jesús murió espiritualmente.

El término muerte en griego es “Thanatos”, que significa separación. La muerte espiritual en Jesús es la misma separación del Padre por causa del estado de pecado. Jesús sufrió un abandono total y completo en la cruz hasta el punto que el Espíritu Santo tuvo que salir de Él.

No podía el Espíritu Santo quedarse en un ser en el estado de pecado en el que se encontraba Jesús, Fue tanta la separación que las tinieblas cubrieron toda la tierra (Mateo 27:45), cumpliendo así el principio que afirma y establece que no hay comunión entre la luz y las tinieblas (Juan 1:5. 2ª Corintios 6:14) lo que indica que siendo Dios Luz y no habiendo tinieblas en Él no estaba presente en ese momento 1ª Juan 1:5.

“... Dios es luz, y no hay ninguna tiniebla en Él.”

Esta muerte espiritual trajo como consecuencia la muerte física, la Biblia tiene registro del estado de muerte en el que Jesús cayó.

En Isaías 53:9 encontramos: “y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte...” Más adelante, el verso 12 dice: “..., y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte...”

Hechos 2:24 nos dice: “Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.”

En Hechos 3:15 vemos: “Y matasteis al autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos...”

Hechos 13:30 nos revela que “Dios le levantó de los muertos”

En Romanos 6:9, encontramos: “Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñoreará más con Él.”

Filipenses 2:8, nos dice: “... haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

En Hebreos 2:9, encontramos: “Pero vemos a Aquél que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de Gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.”

El término “gustase”, es un verbo del griego Gevomai, que indica tener experiencia muy personal, haber pasado por ella, sufriendo las consecuencias, identificándose en el caso.

En Hebreos 2:14, se nos dice: “Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, Él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte; esto es, al diablo.”

Hebreos 5:7. “Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruego y súplicas con gran clamor y lágrimas, al que le podría librar de la muerte...”

Apocalipsis 1:17.19. “... no temas, Yo Soy el primero y el último. El que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los

siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.”

En 1ª Corintios 15:21, dice que por medio de un hombre entró la muerte; esto es Adán, y por medio de otro entró la vida; esto es Cristo.

Lo lógico del caso es: para que la muerte entrase por Adán éste tenía que estar vivo, porque ¿cómo puede la muerte matar al que está muerto? En el mismo caso se da con Jesús, para que la vida entrase por Cristo, este tenía que estar muerto, porque ¿cómo puede la vida darle vida al que está vivo?

En conclusión a este tópico, queda demostrado, por todos los medios, que Jesús probó y experimentó las dos muertes; tanto la espiritual como la física.

LAS ENFERMEDADES SOBRE JESÚS

En Isaías 53:4 se nos dice: “Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades...”

El llevar nuestras enfermedades, no se debe tomar desde el punto de vista literal como si Dios hubiese puesto sobre Jesús todas las enfermedades. Cuando hacemos un análisis etimológico del término “heridas” que aparece en 1ª Pedro 2:24, y “llagas” que aparece en Isaías 53:5 en un sentido figurado, se refiere al golpe del Juicio Divino que cayó sobre Jesús por su obra vicaria, y que por cuyo juicio fue hallado culpable, pasando la inocencia a nosotros, y por causa de esa inocencia le fue quitado a la enfermedad el derecho legal que tenía sobre nosotros por la trasgresión de Adán.

Toda enfermedad que venga sobre el cuerpo de un hijo de Dios viene a usurpar un lugar que no le pertenece. Este es el sentido que se le da en Mateo 8:17 cuando Jesús sanaba a los enfermos y libertaba a los endemoniados.

El escritor cita a Isaías 53:4 alegando proféticamente en un acto presente, que la raza humana tendría acceso a la sanidad y a disfrutar de perfecta salud al depositar su fe en Jesús como el Mediador, como el Sumo

Pontífice, como el Vicario de Dios. Toda persona que haya aceptado a Jesús como su Salvador, tiene derecho a la sanidad o a vivir en perfecta salud; Él nos dejó ese legado.

EL DESCENSO AL INFIERNO

Para poder tener mayor comprensión de esto, debemos estudiar la doctrina del infierno. Hay tres términos en el griego para definir el infierno:

>Hades
>Tartaru:
>Geenna o Ge-Hinom

Pasemos a describir cada uno:

Hades: Región de los espíritus de los muertos perdidos, incluyendo los muertos bienaventurados en los tiempos anteriores a la ascensión de Cristo.

El Hades, en la actualidad, es un estado intermedio entre la muerte y la condenación en el Gehena. Lucas 16:23

Tartaru: Traducido como infierno en 2ª Pedro 2:4. Está constituido por las prisiones de oscuridad, lugar donde fueron arrojados los ángeles caídos, para ser reservados al juicio. Este lugar sólo es habitado por los ángeles caídos.

Geenna o Ge-Hinom: Este término se usa para describir el lugar donde van a ser lanzados los seres que están en el Hades, después del Juicio (Apocalipsis 20:13), denominado el Juicio del Gran Trono Blanco (Apocalipsis 20:11-15). También serán lanzados en el, la Bestia y el Falso profeta (Apocalipsis 19:20) y junto con ellos el diablo (Apocalipsis 20:10).

Este lugar es el de tormento eterno (Apocalipsis 20:10) este es el lugar al que Jesús describe como el fuego que nunca se apaga y el gusano que nunca muere. Marcos 9:44-48.

De estos tres lugares Jesús descendió fue al Hades. Pero debemos destacar que el Hades se dividía en dos departamentos o secciones: la parte superior llamada “El Seno de Abraham”, y la parte inferior llamada “El lugar de tormento”. Lucas 16:19.31.
De estas dos secciones del Hades, Jesús estuvo en el lugar de tormento; Pablo es claro en el asunto, cuando en la carta a los Efesios nos dice: “Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra?” Efesios 4:9.

Si hacemos crítica de los términos mencionados en el pasaje, Pablo dice que Jesús descendió a las partes “más bajas de la tierra”, no dijo a las partes bajas; esto indica que Jesús descendió a la parte inferior del Hades, que es el lugar de tormento. Jesús tenía que descender a ese lugar porque es el sitio que nos pertenecía a nosotros; Él ocupó nuestro lugar en todos los aspectos. Sin lugar a dudas fue atormentado tres días y tres noches según lo descrito en el libro de Jonás capítulo 2 del verso 1 al 10 y lo es corroborado por el Evangelio de Lucas capítulo 16 verso 23.

EL ASCENSO DEL INFIERNO

Al tercer día Dios levantó a Jesús de entre los muertos, ¿cómo Dios hizo esto? ¿De qué se valió Dios para hacerlo?

Dios debía tener un argumento legal para poder levantar a Jesús de los muertos. Para darle vida primero tuvo que impartir justicia sobre Jesús porque la vida viene como producto de la justicia. En el caso de Jesús, Dios utilizó la ley para justificarlo por el cumplimiento de ella. Pablo, en ningún momento negó que la ley podía justificar al hombre, lo que alegó es que no había hombre que cumpliese la ley para ser justificado por ella, pero Jesús fue la excepción, Él cumpliendo la ley a perfección fue justificado por ella.

La Biblia declara que “…no se halló pecado en Él” (1ª Pedro 2:22). Por causa de la justicia que vino por el cumplimiento de la ley, Jesús fue vivificado en el espíritu y de esta forma venció a la muerte, venció al pecado, venció al Hades, venció al diablo; y se levantó como el Sumo Sacerdote entró en el verdadero Lugar Santísimo selló el nuevo pacto y le dio acceso a la dispensación de la gracia y nos dio libre acceso al Trono de Dios.

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miércoles, 27 de marzo de 2013

LA AUTORIDAD INCLUYE DOMINIO PROPIO

LA AUTORIDAD INCLUYE DOMINIO PROPIO.

El que seamos proactivos siendo selectos en las decisiones es un derecho que el creador nos concedió. Esta virtud (la pro actividad) es la capacidad que tenemos los seres humanos de elegir como actuar cualquiera que sea la situación. Todos los seres humanos somos proactivos y muchos en su pro actividad han elegido ser Reactivos que es donde radica el gran problema de los cristianos.
Ser Reactivos es dejarse afectar por el medio ambiente que nos rodea, no teniendo poder de decisión como para elegir las cosas que vayan acorde al carácter de Dios, a nuestro beneficio, en pro y en función del Reino de la luz. Para ser Proactivos en el aspecto positivo tomando decisiones sabias se requiere del dominio propio.
> El término “Dominio propio” viene del griego “Enkrateia”, y tiene que ver con la fuerza de voluntad.

> El tener “Dominio propio” se conoce como el poder controlador de la voluntad bajo las operaciones del Espíritu Santo. (Hechos 24:25).

> El “Dominio Propio” está en someterse a la voluntad de Dios a favor de sus demandas que están reveladas en su Palabra 2ª Pedro 1:16.

> El “Dominio Propio” tiene que ver con el sometimiento del carácter y de los deseos carnales. Es el nivel de disciplina que tiene la persona evitando que la vida se desmorone; tiene que ver con uno que se retiene por dentro (Tito. 1:8), es tener cuidado de uno mismo (1ª Timoteo 4:16).

Una persona que no conozca y no tenga Dominio Propio no podrá en ningún caso ejercer la autoridad, por la sencilla razón, que si no tiene autoridad sobre sí mismo, no la podrá tener sobre otro.

El “Dominio Propio”: Es La fuerza de la voluntad que un ser tiene para tomar decisiones sabias y dar pasos firmes y concretos. Si no tenemos dominio sobre nuestra propia vida, y no sabemos administrarnos a nosotros mismos, nunca podremos ejercer autoridad. para administrar los recursos de Dios.

Si la carne y las pasiones dominan al espíritu renacido, nunca se podrá ejercer autoridad ya que es un principio espiritual establecido en las Escrituras Sagradas. 2ª Pedro 2:10.12. Judas 8, 10. 2ª Corintios 10:4.6.

En 2ª Corintios 2:10.12, Pablo dice que las armas que hemos recibido de Dios son netamente espirituales, y son con la finalidad de derrumbar todo argumento y razonamiento que ha creado un estado de mente ajena a la voluntad de Dios, y que cuyo estado de mente es una fortaleza satánica que no le da cabida a la Palabra de Dios.

La obra de Dios por el Espíritu, a través de las armas, es destruir dichas fortalezas, y en lugar de ellas colocar la Palabra, creando un estado de mente espiritual de acuerdo a la voluntad de Dios, para que haya una vida de obediencia y sometimiento a la autoridad, y de esa forma castigar y acabar con la desobediencia en la vida del creyente, y así poder cumplir con el principio que demanda la autoridad, que establece: Quien no tenga dominio y control de sí mismo, no podrá ejercer autoridad sobre otro.

La autoridad y la baja estima. El complejo de inferioridad, y el auto depreciación, que son rasgo de una baja estima, son factores determinantes para cercenar la posibilidad de ejercer autoridad. La formación de un carácter en la estima de un individuo es de alta necesidad para ejercer la autoridad y alcanzar el propósito. Una persona que no tenga una identidad en quien es, lo que tiene y lo que puede en Cristo Jesús, jamás podrá ejercer autoridad.

Debemos entender y conocer nuestro potencial y la capacidad que tenemos para el ejercicio de la autoridad.

En el caso de los doce príncipes de Israel que fueron a espiar la tierra prometida, diez de ellos bloquearon el ejercicio de la autoridad por la baja estima en la que cayeron, y por causa de esto les embargó el temor.

Quien ejerce autoridad por causa del Reino, no debe intimidarse por ninguna circunstancia, debe estar claro a quien representa, la posición y posesión que obtenemos y en la que estamos, cuál es nuestro legado, y sobre todo tomar en cuenta con el Dios que contamos.

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domingo, 24 de marzo de 2013

SOMETIDOS A LA AUTORIDAD, EJERCEMOS AUTORIDAD

SOMETIDOS A LA AUTORIDAD, EJERCEMOS AUTORIDAD.

El nivel más alto en el ámbito de la autoridad, no es recibir ni ejercer autoridad, es estar bajo autoridad. Porque el recibir y ejercer la autoridad está en proporción directa de que te hayas sometido a ella.

El someterse a la autoridad es un antecedente y a su vez es un buen comienzo para los que en su tiempo ejercerán autoridad de parte de Dios. El principio está establecido en la Palabra: Si te sometes a Dios, como la máxima autoridad, puedes ejercer autoridad; resiste al diablo y el huirá de ti, de lo contrario no obtendrás resultados favorables. Pasemos a analizar la Escrituras:

“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7).

Según el testimonio que da Mateo, Jesús ejercía autoridad porque estaba sometido a la autoridad del Padre. Si analizamos el texto, lo podemos entender:

“Respondió el centurión y dijo: Señor no soy digno de que entres bajo mi techo, solamente di la palabra y mi criado sanará porque también yo soy hombre bajo autoridad y tengo bajo mis órdenes soldados...”
(Mateo 8:8.9).

Observe que el derecho que tenía el centurión para ejercer autoridad sobre los soldados que tenía bajo su mando era porque él estaba sujeto a la autoridad. El mismo caso se dio en Jesús.

La frase que utilizó el centurión en la conversación que tuvo con Jesús es “…también yo”, que gramaticalmente está incluyendo a Jesús, indicando que Jesús podía ejercer autoridad porque estaba sometido a la autoridad.

Por otra parte, Jesús dijo: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. (Mateo 20:21). Éstas son expresiones que demarcan lo claro que estaba Jesús con relación al sometimiento a la autoridad.

En una ocasión a Jesús le cobraron los tributos del templo que equivalían a dos dracmas, y Él, sin vacilación alguna, conociendo los principios, los pagó. Él sabía que debía cumplir con las leyes tributarias. Jesús estaba claro con los principios de autoridad y se sometió a ellos, aunque, por dos razones, Él estaba exento de pagarlos.

Para mayor comprensión del caso vamos a estudiar el pasaje. Mateo17:24.27.

Lo primero que hay que tomar en cuenta es que éste era un tributo eclesiástico para el sostenimiento del templo, y que todo judío mayor de veinte años debían pagar, y no era obligatorio sólo se cancelaba por principios y por estado de conciencia, y ésta era una de las razones por la cual Jesús estaba exento del pago, ya que el tributo era un deber que se hacía por conciencia, y no era un impuesto obligatorio.

Al analizar el pasaje encontramos la segunda causa de mayor fuerza que exoneraba a Jesús de dicho pago. Tomándolo del texto original lo describe como sigue.

“Y cuando ellos llegaron a Cafarnaum, se acercaron a Pedro los que cobraban las dos dracmas y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? Él dijo: sí”

Y cuando llegó a la casa, Jesús se le anticipó, diciendo: ¿Qué opinas, Simón? ¿De quien reciben impuestos o tributos los reyes de la tierra? ¿De sus hijos, o de los extraños?

Y cuando respondió de los extraños, Jesús le dijo: Entonces los hijos están exentos”.

El lenguaje de Jesús está claro, que lo que quiso decir fue: “Si los tributos son eclesiásticos, es decir, para el sostenimiento del templo, porque me cobran a mí dicho tributo si el templo es de mi Padre” ( y agregó por estado de conciencia) “Sin embargo, para que no los ofendamos,…paga por mí y paga por ti”
Nota: En esto podemos ver reflejado lo serio que era Jesús con los principios de autoridad, hasta el punto que mandó a pagar un tributo que por derecho a Él no le correspondía pagar.

A continuación estudiaremos otro caso de mayor relevancia, relacionado con los principios de autoridad a los cuales Jesús se sometió.

Cuando el sumo sacerdote interrogó a Jesús bajo conjuro inmediatamente Él respondió a la pregunta reconociendo la autoridad delegada de parte de Dios que había en el sumo sacerdote (Mateo 26:63.64).

El término “Conjurar” en griego es “Exorkizo” que indica: apelar o recurrir a la autoridad superior para conseguir soluciones o respuestas concretas.

Según la ley (de acuerdo a la tradición judía, Levítico.5:1) se había establecido, que una persona que fuera interrogada bajo conjuro, no debía callar ante el interrogante, ya que se consideraba un acto de rebelión en contra de la autoridad a quien se había apelado en el conjuro. Si Jesús no daba una respuesta concreta y veraz ante el sumo sacerdote que lo había interrogado bajo conjuro, apelando a Dios como autoridad superior, hubiera sido como rebelarse a Dios mismo y era considerado profanación ante la ley, que era lo mismo que tomar el nombre de Dios en vano. Jesús conociendo los principios de autoridad y el sometimiento a ella, no vaciló en responder a la pregunta que le hiciera el Sumo Sacerdote bajo conjuro.

Éstas son verdades que debemos tomar en cuenta como cristianos, debemos tener sumo cuidado de no hacer nada que atente en contra de la autoridad de Dios; así como tener presente que donde esté la autoridad representada, allí esta Dios porque Él es Autoridad.
Pablo dijo “que nos sometamos a las autoridades superiores, porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas” (Romano 13:1.2).

En Efesios 5:22.33, Pablo exhorta a las casadas a estar sujetas a sus maridos como al Señor. Igualmente lo hace con los hijos dándoles el mismo mandamiento. Como no se escapa la exhortación a los maridos, a quienes les dicen que deben amar a sus esposas en similitud a Cristo que amó a la Iglesia, hasta el punto que se entregó por ella.

El mensaje de Pablo estriba en que es de igual importancia, como principio de autoridad, el que haya sujeción en la esposa y los hijos para con el marido, pero que de parte del marido haya amor, comprensión, respeto, consideración y armonía; que todas estas virtudes son parte de la provisión del marido como cabeza o cobertura del hogar. Además, el marido debe ser el proveedor para el hogar en el aspecto financiero, sobre él descansa la responsabilidad de parte de Dios. Pablo lo dejó establecido como principio de autoridad.

“Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo.” (1ª Timoteo.5:8).

Estos mandamientos que Pablo presenta indiscutiblemente forman parte de unos principios sine cua non que componen el sistema de la autoridad, que al no tomarlos en cuenta nos rebelamos en una forma descarada y abierta a los mandamientos de Dios, que es como rebelarnos a Él mismo.

El sometimiento a la autoridad es complejo porque te lleva a una vida de obediencia que viene como producto de un quebrantamiento. Una persona que no haya alcanzado y entendido lo que es el quebrantamiento le será difícil cumplir con el principio de sujeción.
El quebrantamiento produce la humillación; la humillación, la abnegación; la abnegación, la sumisión; la sumisión, la sujeción; la sujeción, la entrega de una voluntad; la entrega de la voluntad, la obediencia; la obediencia es estar bajo la autoridad, al estar bajo la autoridad, ejercemos autoridad y al ejercer la autoridad, alcanzamos los objetivos.

Otras de las cosas que debemos entender es que estar sometidos a la autoridad es aceptar la voluntad de Dios en nuestras vidas. Por lo consiguiente, atentar en contra de la voluntad de Dios es estar en contra de su autoridad y es estar en desobediencia.

La mejor de nuestras motivaciones y acciones nunca podrán sustituir nuestra obediencia a la voluntad de Dios.

En una ocasión el Señor me dijo: “lo más grande que puedes hacer para mí, es que hagas lo que te mandé a hacer, porque lo grande no está en hacer sino en obedecer”.

Para Dios no cuenta lo que yo haga de mi propia voluntad, sino que haga lo que Él me mandó a hacer, porque eso es obediencia, que indica el estar sometido a su autoridad.

Ronald Shor le dijo a Dios en una de sus oraciones: “Señor, quisiera tener algo que nunca haya sido tuyo para dártelo y poder decir que algo te di. Si te doy mi carro, Tú hiciste la materia prima, ya fue tuyo. Si te doy mi casa ya fue tuya, Tú hiciste la materia prima. ¿Qué te puedo dar de mi propiedad que nunca haya sido tuyo?”. Escuchó la voz de Dios cuando le dijo: “Ronald, hay una sola cosa que no es mía, y que viene siendo mía cuando me la entregas”. Él le preguntó “¿Qué Señor?”, y Dios le contestó: “Tu voluntad. Yo te hice con libre albedrío, tú decides a quien entregas tu voluntad”.

La Biblia dice que se agrada más Jehová de la obediencia que de los muchos sacrificios, y que se le preste atención a su Palabra que la grosura de muchos carneros. (1ª Samuel 15:22.23).

Aprende que el hacer la voluntad de Dios indica estar en obediencia, el estar en obediencia indica estar bajo su autoridad, al estar bajo su autoridad puedes ejercer autoridad, y al ejercer autoridad puedes alcanzar los objetivos.

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sábado, 23 de marzo de 2013

DEBEMOS SER CONSTITUIDOS PARA EJERCER AUTORIDAD


domingo, 10 de marzo de 2013

Obediencia o rebeldia ante las autoridades establecidas por Dios

OBEDIENCIA O REBELDIA ANTE LAS AUTORIDADES ESTABLECIDAS POR DIOS.

> Sabemos que Dios es la fuente de la autoridad.

> Sabemos que el Espíritu Santo es la máxima autoridad en la Iglesia.

> Sabemos que los hombres que Dios ha constituido como Ministros y como el gobierno de la Iglesia son la máxima representación de la autoridad de Dios en el sistema del Reino.

También debemos tomar en cuenta, y tener muy en claro que rebelarse a uno de estos hombres es rebelarse al Espíritu Santo en forma directa, y rebelarse al Espíritu Santo es rebelarse en contra de Dios. Hechos 5:1.11.

El nivel más alto en el ámbito de la autoridad, no es recibir ni ejercer autoridad, es estar bajo autoridad. Porque el recibir y ejercer la autoridad está en proporción directa de que te hayas sometido a ella.

La autoridad que Dios delega a un hombre para un cargo específico es tan determinante que Dios nunca va a pasar por alto la autoridad que ha delegado a uno de estos hombres aunque estén equivocados.
Dios no nos hará responsables por la obediencia equivocada, sino al contrario, hará responsable a la autoridad delegada por su acción errónea, pero nosotros seremos galardonados por la obediencia a ellos.

Si tu líder, en un supuesto, te da una orden equivocada pero en su demanda no quebranta ningún principio Bíblico, ni quebranta la moral, ni la ética; no tendrás ningún problema delante de Dios en el presente ni en el día del juicio por causa de haber obedecido a una orden equivocada del líder. Él será juzgado y reprendido por Dios por abusar de la autoridad, más tú serás premiado por tu obediencia a la autoridad que Dios ha delegado en él.

Cuando Moisés se casó con la mujer cusita (descendiente de Cam), Aarón y María - hermanos de Moisés - murmuraron en contra de él, conducta que desagradó a Dios. Ellos tenían sus razones para hacerlo pero no tenían autoridad ni derecho de parte de Dios; eso era problema de Dios con Moisés, que tenía que resolver en lo personal. Aron y María tenían que mantenerse al margen, lo único que podían y debían hacer era corregirlo no murmurar.

En lo personal aprendí un principio en cuanto a mis líderes y sus errores:

“Un buen discípulo es aquel que aprende aún hasta de los errores de su maestro, pero nunca lo difama, lo critica, lo ataca, ni lo persigue”.

El caso de David es un ejemplo a seguir, no se atrevió a poner las manos en contra del ungido de Dios, independientemente de cuál fuera su conducta.

David sabía que Saúl estaba totalmente equivocado y desubicado, pero no se atrevió a rebelarse en contra del ungido de Dios, hasta el punto que expresó: “…Guárdame Jehová de extender mi mano contra el ungido de Jehová” 1ª Samuel 26:9.11.
Para David tenía tanto valor la autoridad delegada en un hombre escogido por Dios, que el simple hecho de haber cortado la orilla del manto del rey Saúl, lo consideró un acto de rebeldía, hasta el punto que se turbó en su corazón por haber hecho tal cosa. 1ª Samuel 24:4.6.

“…y se levantó David, y calladamente cortó la orilla del manto de Saúl. Después de esto se turbó el corazón de David, porque había cortado la orilla del manto de Saúl. Y dijo a sus hombres: Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él;...” 1ª Samuel 24:4.6.

En una segunda oportunidad, David se acercó a Saúl pero esta vez sólo tocó cosas que estaban aparte del cuerpo de Saúl, no algo que estuviera sobre su cuerpo. En esta ocasión se llevó la lanza y la vasija del agua que estaban en la cabecera de Saúl. David fue más cuidadoso al dirigirse al ungido de Jehová, para no atentar en contra de la autoridad.

“…Y David respondió a Abisai: No le mates; porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido de Jehová, y será inocente? …guárdeme Jehová de extender mi mano contra el ungido de Jehová. Pero toma ahora la lanza que está a su cabecera, y la vasija de agua, y vámonos” 1ª Samuel 26:9.11.

Es lamentable decirlo, pero en estos tiempos, tenemos el tipo de persona que no se lleva lo que tienes en la cabecera, sino que te quieren arrancar la cabeza.

Pablo en una ocasión pidió perdón por la forma atrevida en la que se dirigió al Sumo Sacerdote. Él conocía muy bien los principios de autoridad, hasta el punto que citó la Escritura para salvaguardarse en el principio de autoridad que había quebrantado.

“Pablo dijo: no sabía, hermanos, que era el sumo sacerdote; pues escrito está: No maldecirás a un príncipe de tu pueblo”. (Hechos 23:5).

“No injuriarás a los jueces, ni maldecirás al príncipe de tu pueblo” (Éxodo.22:28). Algunas versiones dicen: “A los que gobiernan tu nación”

Igualmente, podemos mencionar la actitud que tomó el arcángel Miguel contra Satanás. Miguel conocía lo que es autoridad y no se atrevió a proferir juicio de maldición. (2ª Pedro 2:10.11, Judas 9)

A Satanás, siendo Lucifer, Dios lo colocó como la máxima representación de su autoridad entre las huestes angelicales; Miguel como arcángel, conociendo los principios de autoridad, con todo y que Satanás es un ser caído y por causa de su caída había perdido toda autoridad, evitó caer en el terreno de maldición, de condenación, al proferir juicio contra Satanás y acudió a la autoridad de Dios y dijo “que el Señor te reprenda”. Judas.9.

Si analizamos el contexto anterior y el subsiguiente de Judas 9, nos daremos cuenta de que el escritor viene desarrollando un tema que tiene que ver con el rechazo de la autoridad establecida, tomando como ejemplo en el aspecto negativo a las ciudades de Sodoma y Gomorra, comparándolas con Caín, Balaán y Coré, cuyos personajes cometieron actos de rebeldía.

En contraste a esa rebeldía, pone como ejemplo al arcángel Miguel que fue prudente en el momento que fue confrontado por un ser que en un tiempo fue su autoridad, no tomo decisiones a la ligera sino que acudió a quien tenía toda la autoridad, esto es, Dios para así cumplir con los principios y mantenerse al margen. 2ª Pedro.2:10.11.

“…no obstante, de la misma manera también estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores. Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda. Pero éstos blasfeman de cuantas cosas no conocen; y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales. ¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré.” Judas: 8,12.

Otros de los grandes ejemplos que tenemos referente a la autoridad lo está en el caso de Moisés, Aarón y Hur. Dice la Biblia que hubo un momento de guerra y cuando Moisés levantaba la mano el pueblo prevalecía y viceversa. Viendo esto, Aarón y Hur buscaron una piedra para que él se sentase y se afirmase, luego le levantaron los brazos. Si observamos bien el pasaje, no se metieron con la vara que tenía Moisés en la mano, que representa la autoridad delegada de Dios, sólo levantaron sus brazos, porque ellos sabían que la vara funciona en las manos de quien Dios la ponga. (Éxodo 17:8.12).

En nuestros tiempos es todo lo contrario, tenemos casos de gente que te busca una piedra pero no para que te sientes y te afirmes, sino para atravesártela para que te caigas, y luego en vez de levantarte la mano donde tienes la vara, lo que te quieren es quitar la vara. (Éxodo.17:8.12).

Ten esto presente: Nunca trates de tomar la vara que representa la autoridad, a menos que Dios te la dé, la vara funciona en las manos de quien Dios la ponga.

¿Se puede servir a Dios sin estar sujeto a la autoridad, ni haber sido constituido?

Claro que sí, pero Dios nunca aprobará dicho servicio. El ejemplo más claro lo tenemos en el caso de Nadab y Abiu hijos de Aarón, quienes siendo sacerdotes ofrecieron fuego que para Dios fue extraño por causa de no haber sido constituidos para tal ceremonia. Ellos eran sacerdotes pero no sumos sacerdotes. Note que el incensario fue el mismo, el fuego también, la ceremonia en su totalidad fue la misma, pero quienes la estaban llevando a cabo no estaban autorizados ni constituidos por Dios para tal fin, y esto fue lo que a Dios le extrañó. No trates de hacer para Dios nada, si Él no te ha constituido.

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viernes, 1 de marzo de 2013

LA FUENTE DE LA AUTORIDAD- LA MAXIMA AUTORIDAD- Y LA MAXIMA REPRESENTACION DE LA AUTORIDAD

LA FUENTE DE LA AUTORIDAD- LA MAXIMA AUTORIDAD- Y LA MAXIMA REPRESENTACION DE LA AUTORIDAD.

¿Quién es la fuente de la autoridad? 

Según Juan 19:10.11, la autoridad está en Dios y es delegada a los hombres. Jesús le dijo a Pilato: “…ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba;…”

La autoridad en Dios es inherente y absoluta. Él es el autor de la autoridad, Dios es autoridad, la autoridad es parte de su naturaleza.

¿Por qué Dios es la fuente de la autoridad?

El tratar de explicar el ser de Dios es algo inconcebible, inexplicable, abstracto. El ¿Quién hizo a Dios? Es una pregunta llena de necedad, porque se basa en la falsa suposición de que Dios viene de alguna parte y ésta suposición te lleva a otra pregunta ¿De qué parte viene? La respuesta es, que esta pregunta ni siquiera tiene sentido. Es como preguntar “¿A qué huele el azul?” El azul no está en la categoría de las cosas que tienen olor, así que la pregunta en sí misma es defectuosa y necia. De la misma manera, Dios no está en la categoría de las cosas que son creadas, o llegan a existir, o son causadas. Dios no tiene causa ni procedencia de creación, Él simplemente Es ¿Cómo sabemos esto? Bien, sabemos que de la nada, nada procede. Así que si alguna vez hubo un tiempo en que no existía absolutamente nada, entonces nada hubiera podido existir. Pero las cosas existen. Por lo tanto, puesto que nunca pudo haber habido absolutamente nada de la nada, algo tuvo que haber, ser, o estar siempre antes de la nada, para que de la nada en su ser del ser hacer las cosas que existen. Este ser que ha sido y ha estado por la eternidad es a quien llamamos Dios.

En lo científico, es imposible estudiar a Dios, Él es abstracto, es un ser que no se puede meter en un cubo de ensayo y analizarlo por completo en forma absoluta. La teología nos da algunos indicios muy minúsculos, pequeños destellos de información de la naturaleza de Dios, de sus propiedades o virtudes, de sus obras, sus nombres redentivos y calificativos; dejándonos ver parte de su grandeza.

Según Éxodo 3:14, Dios es absoluto en todas las cosas incluyendo la autoridad. Pasemos a analizar el pasaje.

En el texto antes mencionado, Dios le dijo a Moisés “YO SOY EL QUE SOY”

El término “YO SOY”- en el aspecto etimológico- encierra características y valores que son absolutos y propios del ser a quien se le atribuye.

“YO SOY” indica “SER”, del hebreo “HAYAH”. Entre sus características y valores, determina la existencia abstracta que interpretado significa: “Existir por sí mismo, permanecer en uno mismo”, mostrando a quien se le atribuye el término, un gozar de absoluta independencia”

Cuando Dios le dijo a Moisés: “YO SOY ME ENVIÓ A VOSOTROS” lo que quiso decir fue: “Dile a ellos, que el que existe por sí mismo, permanece en él mismo y no depende de nadie, te está enviando”

Cuando analizamos el término “JIREH”, como nombre compuesto de Dios en su única y absoluta característica, significa: “EL QUE SE PROVEE”, determinando lo absoluto de Dios, indicando que Él no queda desprovisto del favor de nadie (Génesis.22:14). Él es independiente, autosuficiente, de Él dependen y proceden todas las cosas, Él es la sustancia misma del universo y de todo lo creado. (Hebreos1:3).

En Juan 5:26, se reflejan las características del gran “Yo soy”. Jesús dijo: “Porque como el Padre tiene vida en sí mismo,…”

Alguien dijo una hipérbole al tratar de explicar este texto: “Dios tiene tanto poder que pudo haberse hecho Él mismo”.

Hay tres causas por las cual debo aceptar a Dios:

a) Por lo que Él es: Que indica su naturaleza
b) Por lo que Él ha dicho: Que indica su palabra y la integridad en ella.
c) Por lo que Él ha hecho: Que indica su obra.

Pero debemos tomar en cuenta una verdad: aunque Dios no haya hecho nada en nosotros, es suficiente que Él lo “Sea” y que Él lo haya “Dicho”.

Su autoridad en lo que Él “Es”, y en lo que Él ha “Establecido”, es una garantía absoluta para confiar en Él.

Job entendió lo absoluto de Dios en su autoridad, aún en los momentos más difíciles, donde no veía resultados positivos expresó: “…aunque Él me mate, en Él espero, yo sé que mi redentor vive”. (Job.19:25).

Nunca olvides esta verdad: “Cuestionar, dudar, y opinar la naturaleza de Dios en lo que “Él Es”, y su palabra en lo que “Él ha Establecido”, es quebrantar el principio más grande de autoridad”.

Ante una palabra que recibas de Dios - por causa de la autoridad intrínseca que hay en ella, por lo que Dios es, y por lo que Dios ha dicho - nunca opines, ni dudes, ni cuestiones, sólo cree.

Nota: Por todos estos valores y características que están inherentes en el “YO SOY”, debemos aceptar que Él es absoluto y es la fuente de todo y en todas las cosas, incluyendo la autoridad.

¿Quién es la máxima autoridad .

La máxima autoridad en la Iglesia es el Espíritu Santo. Él es quien toma y debe tomar las decisiones en la Iglesia en una forma colectiva y en el creyente a nivel personal.

Nunca los discípulos en una forma personal, ni en la Iglesia en una forma colectiva, tomaron decisiones sin consultar al Espíritu Santo.

Debemos tomar en cuenta que el Espíritu Santo es una persona: tiene mente, voluntad, convence, investiga, revela, enseña, escudriña, redarguye, testifica, intercede, da órdenes, dirige, guía, ayuda, consuela, se apaga, se le puede mentir, se puede blasfemar en contra de Él y se contrista, se puede tener comunión con Él.

Tomando en cuenta estas verdades, debemos tratar al Espíritu Santo como lo que Él es: como una persona.

Tomar decisiones - aún en lo personal - sin consultar con el Espíritu Santo, es desaprobar su personalidad y además es desautorizarlo por completo en nuestras vidas.

El Espíritu Santo es la máxima autoridad en la Iglesia y en el creyente en lo personal; no tomarlo en cuenta en las funciones que viene a desarrollar en nosotros, sería lo mismo, que no aceptar que Él es la máxima autoridad, y esto rompe con un principio de autoridad, y así no ejercemos autoridad.

Toma en cuenta que en todo lo que emprendamos, debemos consultar con el Espíritu Santo, tenemos una sociedad con Él y no debemos romperla.

En una ocasión Henry Hinn personalmente me dijo: “El Espíritu Santo y tú son socios, pero Él es el socio mayoritario. Si quieres tener éxito en todo lo que emprendas, nunca rompas tu sociedad con el Espíritu, no lo desautorices en nada; recuerda que Él tiene las mayores acciones en el Reino, y como tal es quien da las órdenes, nosotros sólo obedecemos; Él es la máxima autoridad donde te encuentres”.

Estas palabras las he tomado en cuenta y me han traído muy buenos resultados, dándome el éxito en todo lo que emprendo; nada hago sin consultar a la persona del Espíritu Santo, Él es mi guía, marca mi dirección y asegura mi destino.

A continuación transcribo algunos pasajes que presentan a la persona del Espíritu Santo tomando decisiones en lo personal en la vida de los Discípulos, y en la Iglesia en forma colectiva.

Hechos 5:32, “y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo…”
Hechos 8:29, “y el Espíritu dijo a Felipe: acércate y júntate a ese carro”

Hechos 10:19, “y mientras Pedro pensaba en la visión le dijo el Espíritu: he aquí, tres hombres te buscan”

Hechos 11:12, “ y el Espíritu me dijo:( hablando Pedro) que fuese con ellos”

Hechos 13:2, “ministrando estos al Señor, y ayunando dijo el Espíritu Santo…”

Hechos 13:4, “ellos, entonces, enviados por el Espíritu…”

Hechos 15:28, “porque ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros…”

Hechos 16:6, “y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia;…”

Hechos 16:7, “y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se los permitió…”

Hechos 20:23, “salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo…”

Hechos 20:28, “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispo, para apacentar la iglesia del Señor, la cual ganó por su propia sangre.”

Hechos 21:4, “y hallados los discípulos, nos quedamos allí siete días; y ellos decían a Pablo por el Espíritu…”
Hechos.21:11 “… y atándose los pies y las manos dijo: esto dice el Espíritu Santo…”

Romanos 8:14, “porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios...”

Romanos 8:16, “el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.”

Romanos 8:26, “y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestras debilidades…”

Apocalipsis 2:7, “el que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a la iglesia”

Nota: Según todos estos textos, el Espíritu Santo era quien tomaba las decisiones en forma personal y en la Iglesia de manera colectiva, indicando que Él es la máxima autoridad.

¿Quién es la máxima representación de la autoridad de Dios?

Todo aquel que ha sido constituido por Dios o por las autoridades competentes.
En el caso de la Iglesia como institución, la máxima representación de la autoridad son los que Dios ha constituido y les ha conferido un don Ministerial.

Hebreos 13:17 dice: “Obedeced a vuestros pastores (líderes según el texto original) y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta,…”

Según Apocalipsis capítulos 2 y 3, las cartas fueron enviadas a 1as Iglesias que estaban en Asia, pero fueron dirigidas al ángel de la Iglesia como la máxima representación de la Autoridad de Dios en la Iglesia.

Desde el punto de vista etimológico podemos demostrar que el que posee un don Ministerial recibe todo el respaldo de Dios en su autoridad para ejercer el don sin intermediarios. Esto lo observamos y entendemos cuando analizamos las características y los valores del don Ministerial.

El término Don para referirse al Ministerio es “Domata”, que es el plural del singular “Doma”.

El Doma: Es una naturaleza adquirida por Dios, y en este don está incluida la misma naturaleza de Dios para ejercer el don. Por esta causa podemos entender y aceptar ciertas características y valores que son propiedades del don.

EI que posee este don (Doma) tiene la habilidad y la capacidad de guiarse a sí mismo y de guiar a otros (en las directrices que recibe de Dios) ya que tiene una relación directa con Él por causa del don. Es decir, un hombre que haya recibido de Dios dicho don no debe ser dirigido por ningún tipo de organización, federación, concilio, directiva o Iglesia; ya que recibe un poder absoluto y está bajo la cobertura y dirección de Dios.

Por esta razón, el modelo Bíblico del gobierno de la Iglesia, es netamente Teocrático.
> No es Autocrático: porque no es un hombre el que se dirige a sí mismo y se gobierna por sí solo.

> No es Democrático: porque no es el pueblo el que se dirige a sí mismo o se auto gobierna.
> Es Teocrático: porque es Dios dirigiendo y gobernando a través de hombres llenos del Espíritu Santo, con un llamado, una pasión, una misión y una visión.

Es por ello que alegamos que los Ministerios que Dios ha constituido como Domata representan la Autoridad de Dios en la Iglesia.

OBSERVACIÓN

> Sabemos que Dios es la fuente de la autoridad.

> Sabemos que el Espíritu Santo es la máxima autoridad en la Iglesia.

> Sabemos que los hombres que Dios ha constituido como Ministros y como el gobierno de la Iglesia son la máxima representación de la autoridad de Dios en el sistema del Reino.

También debemos tomar en cuenta, y tener muy en claro que rebelarse a uno de estos hombres es rebelarse al Espíritu Santo en forma directa, y rebelarse al Espíritu Santo es rebelarse en contra de Dios. Hechos 5:1.11.

La autoridad que Dios delega a un hombre para un cargo específico es tan determinante que Dios nunca va a pasar por alto la autoridad que ha delegado a uno de estos hombres aunque estén equivocados.
Dios no nos hará responsables por la obediencia equivocada, sino al contrario, hará responsable a la autoridad delegada por su acción errónea, pero nosotros seremos galardonados por la obediencia a ellos.

Si tu líder, en un supuesto, te da una orden equivocada pero en su demanda no quebranta ningún principio Bíblico, ni quebranta la moral, ni la ética; no tendrás ningún problema delante de Dios en el presente ni en el día del juicio por causa de haber obedecido a una orden equivocada del líder. Él será juzgado y reprendido por Dios por abusar de la autoridad, más tú serás premiado por tu obediencia a la autoridad que Dios ha delegado en él.

Cuando Moisés se casó con la mujer cusita (descendiente de Cam), Aarón y María - hermanos de Moisés - murmuraron en contra de él, conducta que desagradó a Dios. Ellos tenían sus razones para hacerlo pero no tenían autoridad ni derecho de parte de Dios; eso era problema de Dios con Moisés, que tenía que resolver en lo personal. Aron y María tenían que mantenerse al margen, lo único que podían y debían hacer era corregirlo no murmurar.

En lo personal aprendí un principio en cuanto a mis líderes y sus errores:

“Un buen discípulo es aquel que aprende aún hasta de los errores de su maestro, pero nunca lo difama, lo critica, lo ataca, ni lo persigue”.

El caso de David es un ejemplo a seguir, no se atrevió a poner las manos en contra del ungido de Dios, independientemente de cuál fuera su conducta.

David sabía que Saúl estaba totalmente equivocado y desubicado, pero no se atrevió a rebelarse en contra del ungido de Dios, hasta el punto que expresó: “…Guárdame Jehová de extender mi mano contra el ungido de Jehová” 1ª Samuel 26:9.11.

Para David tenía tanto valor la autoridad delegada en un hombre escogido por Dios, que el simple hecho de haber cortado la orilla del manto del rey Saúl, lo consideró un acto de rebeldía, hasta el punto que se turbó en su corazón por haber hecho tal cosa. 1ª Samuel 24:4.6.

“…y se levantó David, y calladamente cortó la orilla del manto de Saúl. Después de esto se turbó el corazón de David, porque había cortado la orilla del manto de Saúl. Y dijo a sus hombres: Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él;...” 1ª Samuel 24:4.6.

En una segunda oportunidad, David se acercó a Saúl pero esta vez sólo tocó cosas que estaban aparte del cuerpo de Saúl, no algo que estuviera sobre su cuerpo. En esta ocasión se llevó la lanza y la vasija del agua que estaban en la cabecera de Saúl. David fue más cuidadoso al dirigirse al ungido de Jehová, para no atentar en contra de la autoridad.

“…Y David respondió a Abisai: No le mates; porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido de Jehová, y será inocente? …guárdeme Jehová de extender mi mano contra el ungido de Jehová. Pero toma ahora la lanza que está a su cabecera, y la vasija de agua, y vámonos” 1ª Samuel 26:9.11.


Es lamentable decirlo, pero en estos tiempos, tenemos el tipo de persona que no se lleva lo que tienes en la cabecera, sino que te quieren arrancar la cabeza.

Pablo en una ocasión pidió perdón por la forma atrevida en la que se dirigió al Sumo Sacerdote. Él conocía muy bien los principios de autoridad, hasta el punto que citó la Escritura para salvaguardarse en el principio de autoridad que había quebrantado.
“Pablo dijo: no sabía, hermanos, que era el sumo sacerdote; pues escrito está: No maldecirás a un príncipe de tu pueblo”. (Hechos 23:5).

“No injuriarás a los jueces, ni maldecirás al príncipe de tu pueblo” (Éxodo.22:28). Algunas versiones dicen: “A los que gobiernan tu nación”

Igualmente, podemos mencionar la actitud que tomó el arcángel Miguel contra Satanás. Miguel conocía lo que es autoridad y no se atrevió a proferir juicio de maldición. (2ª Pedro 2:10.11, Judas 9)

A Satanás, siendo Lucifer, Dios lo colocó como la máxima representación de su autoridad entre las huestes angelicales; Miguel como arcángel, conociendo los principios de autoridad, con todo y que Satanás es un ser caído y por causa de su caída había perdido toda autoridad, evitó caer en el terreno de maldición, de condenación, al proferir juicio contra Satanás y acudió a la autoridad de Dios y dijo “que el Señor te reprenda”. Judas.9.

Si analizamos el contexto anterior y el subsiguiente de Judas 9, nos daremos cuenta de que el escritor viene desarrollando un tema que tiene que ver con el rechazo de la autoridad establecida, tomando como ejemplo en el aspecto negativo a las ciudades de Sodoma y Gomorra, comparándolas con Caín, Balaán y Coré, cuyos personajes cometieron actos de rebeldía.

En contraste a esa rebeldía, pone como ejemplo al arcángel Miguel que fue prudente en el momento que fue confrontado por un ser que en un tiempo fue su autoridad, no tomo decisiones a la ligera sino que acudió a quien tenía toda la autoridad, esto es, Dios para así cumplir con los principios y mantenerse al margen. 2ª Pedro.2:10.11.

“…no obstante, de la misma manera también estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores. Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda. Pero éstos blasfeman de cuantas cosas no conocen; y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales. ¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré.” Judas: 8,12.

Otros de los grandes ejemplos que tenemos referente a la autoridad lo está en el caso de Moisés, Aarón y Hur. Dice la Biblia que hubo un momento de guerra y cuando Moisés levantaba la mano el pueblo prevalecía y viceversa. Viendo esto, Aarón y Hur buscaron una piedra para que él se sentase y se afirmase, luego le levantaron los brazos. Si observamos bien el pasaje, no se metieron con la vara que tenía Moisés en la mano, que representa la autoridad delegada de Dios, sólo levantaron sus brazos, porque ellos sabían que la vara funciona en las manos de quien Dios la ponga. (Éxodo 17:8.12).

En nuestros tiempos es todo lo contrario, tenemos casos de gente que te busca una piedra pero no para que te sientes y te afirmes, sino para atravesártela para que te caigas, y luego en vez de levantarte la mano donde tienes la vara, lo que te quieren es quitar la vara. (Éxodo.17:8.12).

Ten esto presente: Nunca trates de tomar la vara que representa la autoridad, a menos que Dios te la dé, la vara funciona en las manos de quien Dios la ponga.

MAESTRO: JOSE N BRICEÑO A


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