miércoles, 27 de septiembre de 2017

TERREMOTOS - JUICIOS DE DIOS O CAUSAS NATURALES. 
POR EL DR. Y MAESTRO. JOSÉ N. BRICEÑO A.

Para comenzar este estudio, es necesario dar un concepto del término terremoto, y también determinar qué es lo que lo produce.
Un terremoto, es el lento movimiento del manto terrestre provocando tensiones en las placas de la corteza. Esto se da, por la energía elástica acumulada por la deformación de la corteza, esta se libera y se transmite en forma de ondas por el interior del planeta, dando origen a los terremotos.Es decir, las placas tectónicas de las que está formada la corteza terrestre, están en continuo movimiento, pero este suele ser lento, e imperceptible, o paulatino. Sin embargo, cuando algo obstaculiza este desplazamiento y chocan entre sí, comienza a acumularse una gran cantidad de energía que acaba liberándose súbitamente cuando se produce un movimiento brusco de estas placas. Esta energía aflora en la superficie terrestre en lo que conocemos como terremoto. Este tipo de sismo, llamado tectónico, abarca la gran mayoría de los terremotos que existen.
El otro tipo de terremoto, menos común, es el volcánico, el cual se produce por la acción volcánica debido a la fuerza expansiva de los gases y vapores que producen explosiones cuando el magma asciende por la chimenea del volcán. Los terremotos, son considerados, fenómenos naturales.
¿SON LOS TERREMOTOS ENVIADOS DE DIOS, O SE PRODUCEN POR CAUSA NATURAL?
Si hacemos un estudio de la Propiciación, incidente que se dio en la cruz en la vida de Jesús, nuestro Redentor y Mediador (Romanos 3:25), podemos determinar, que de Dios no proceden los desastres naturales como juicio o castigo a la humanidad. El atribuirle al Eterno, al Dios de gracia, que nos brindó su paternidad mediante el sacrificio de su hijo, es la más grande herejía, apostasía, y calumnia; que podamos cometer ante Él.
La palabra del griego para propiciación es “Jilasterion” de donde se deriva el término propiciar, propicio, que indica apaciguar, volver favorable, conciliar.
En su más amplio concepto, propiciar indica: Calmar la ira de un Dios ofendido, y está relacionado con el amor, la compasión y la misericordia (Romanos 3:25. Hebreos 8:12. 1ª Juan 2:2; 4:10). En la dispensación de la ley, el acto de propiciación se daba en forma pasiva y continua, no en forma activa absoluta y determinante como se dio en la gracia.
Dios hiso acto de propiciación, nos perdonó por amor y dándonos su amor, teniendo compasión, moviéndose a misericordia, manifestando su gracia, regenerando en forma absoluta, brindándonos su paternidad. Esto está plasmado en las Escrituras, analicemos el pasaje.
Hebreos 8:8.12 Dice: “Porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días, dice el Señor, en que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo Pacto; No como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos no permanecieron en mi pacto, y yo me desentendí de ellos, dice el Señor. Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel: Después de aquellos días, dice el Señor, pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo; y ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos. Porque seré propicio a sus injusticias, Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades”.
El término “propiciación” viene de “propiciatorio” que era la tapa o cubierta del arca del pacto que se encontraba en el lugar santísimo.
Para tener mejor comprensión del acto de propiciación, debemos estudiar qué es el propiciatorio, y qué función tenía en el Lugar Santísimo.
El Propiciatorio era una plancha de oro puro que cubría el Arca del Pacto, medía más de un metro de largo y setenta centímetros de ancho (Éxodo 25:17; 37:6). Tenía un querubín labrado a cada extremo, los cuales estaban frente a frente y sus alas extendidas se tocaban en el punto central superior (Éxodo 25:18.20; 37:7.9). El Propiciatorio estaba sobre el Arca del Pacto, situada detrás del velo en el lugar Santísimo (Éxodo 26:34; 30:6).
El lugar Santísimo era donde Dios moraba y hacía acto de presencia manifestando su Gloria. La sangre de la expiación era rociada por el Sumo Sacerdote sobre el Propiciatorio una vez al año. Sobre la sangre descendía el fuego de Dios en forma literal y la consumía en su totalidad, descargando toda su ira en señal de reconciliación por el período de un año (Levítico 16:2.34).
Cuando Pablo en Romanos 3:25 dice: “A quien Dios puso como propiciación...”, estaba haciendo referencia a Jesús. Debemos aclarar que el término propiciación no aparece en su originales, el que aparece es Propiciatorio, indicando la semejanza de lo que Jesús hizo. Él fue el propiciatorio humano, donde se derramó la sangre, sobre quien cayó la ira de Dios.
Según este acto de Propiciación que se dio en Jesús, nosotros como regenerados en Dios, no somos hijos de ira sino de bendición (Efesios 2:3. 1ª Tesalonicenses 1:10; 5:9).
Lo otro que hay que entender es que Dios no está molesto o disgustado en lo absoluto con el mundo como muchos lo han pregonado en sus predicaciones y falsas profecías, anunciando un mensaje de condenación sobre las naciones, causando intimidación y temor, dejando de anunciar el verdadero mensaje que conlleva a la Salvación que son las “Buenas Nuevas”.
En el desarrollo de su ministerio, Jesús hizo acto de propiciación al evitar que los discípulos hicieran descender fuego del cielo sobre una aldea que no los recibieron.
“Y envió mensajeros delante de él, los cuales fueron y entraron en una aldea de los samaritanos para hacerle preparativos. Mas no le recibieron, porque su aspecto era como de ir a Jerusalén. Viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma? Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea”. (Lucas 9:52.56)
Esto lo hizo Jesús antes de hacer acto de propiciación en la cruz, ¿qué nos hace pensar que después de que Dios haya amado al mundo, y por causa de esto haya entregado a su único hijo, descargando sobre Él toda su ira, va a arremeter con ira causando terremoto en contra de ese mundo que amó? Pensar de esa forma, es no entender la fuerza que tuvo el acto de Propiciación que se dio en Jesús entregando su vida, derramando su sangre en el calvario.
Nunca nos olvidemos de esta verdad, que aunque parezca paradójico, ese Dios que no cambia, su carácter cambió en la cruz. Dios depositó toda su ira sobre su hijo para no descargarla sobre nadie. A esto se le llama: Propiciación.
“Oh Jehová, Dios de mi salvación, Día y noche clamo delante de ti. Llegue mi oración a tu presencia; Inclina tu oído a mi clamor. Porque mi alma está hastiada de males, y mi vida cercana al seol. Soy contado entre los que descienden al sepulcro; Soy como hombre sin fuerza, Abandonado entre los muertos, Como los pasados a espada que yacen en el sepulcro, de quienes no te acuerdas ya, y que fueron arrebatados de tu mano, me has puesto en el hoyo profundo, en tinieblas, en lugares profundos. Sobre mí reposa tu ira, Y me has afligido con todas tus ondas”. (Salmo 88:1.7)
El caso registrado en el A.T en relación a Sodoma – Gomorra – Tiro – Sidón – está muy aislado al carácter del Dios de la gracia. Reitero, el Dios cambio después de la cruz, en la resurrección de su hijo. Aleluuuuuyaaaaa.
Si analizamos Juan 3:16, hay unas propiedades y características producto del amor de Dios a favor del hombre caído. Leamos y analicemos, el texto dice lo siguiente:
>“Porque de tal manera”--- La inmensidad de su amor.
>“Amo Dios al mundo”---- El objeto de su amor.
>“Que ha dado”------ El despojo de su amor.
>“A su hijo unigénito”---- La dádiva de su amor.
>“Para que todo aquel que en él cree”----- Lo universal de su amor.
>“No se pierda”----------- El rescate de su amor.
>“Más tenga vida eterna”----------- La recompensa de su amor.
Si éste fue el sentir de Dios (amarnos) antes de rescatarnos en nuestra condición caída, cuanto más ahora que somos sus hijos.
Por esta razón es que Pablo dice que nosotros estamos llamados a reconciliar al mundo con Dios, no a Dios con el mundo, porque Él a causa de la Propiciación que se dio en Jesús, quedó reconciliado con el mundo; Dios no tiene problemas con el mundo, el mundo lo tiene con Dios.
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo,…”. (2 ª Corintios 5:18.19)
Debemos dejar en claro, que en la Biblia hay acontecimientos registrados, de terremotos y temblores que se dieron en la dispensación de la gracia en forma local, y que fueron producidos por Dios en relación a su propósito, que es el caso registrado en: Mateo 27:54 – Mateo 28:2 - Hechos 4:31 - Hechos 16:26. Dichos acontecimiento no trajeron luto ni tragedia, ni lamento; de modo que estos casos no se deben tomar como ejemplo para dar la posibilidad, que Dios en su voluntad puede producir los fenómenos naturales que están causando desastre en el mundo, que de paso muchos de ellos son originados por la mano del hombre.
Lo otro que hay que entender, es que si Dios envía terremotos, huracanes, tsunamis; o cualquier tragedia sobre la tierra para conducirlos al hombre al arrepentimiento, estaría invadiendo el ministerio del Espíritu y el de la iglesia. El del Espíritu en el acto de convencimiento de pecado, y el de la iglesia en la proclamación de las buenas nuevas de salvación.
Para efecto de Dios, el mundo está salvo en Jesús. Él no tiene que emitir juicio sobre el mundo, ya Él juzgo al mundo en su hijo, ya juzgo el pecado en su hijo. Que llegara el día, que todos los que no aceptaron el plan de salvación que el Padre concedió en su Hijo, serán juzgados y condenados enviados al infierno eterno. Pero todo esto se dará al final de los tiempos, en la finalidad del programa del Eterno para la humanidad.
/// Bendición ///
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